sábado, 20 de julio de 2024

El 15 de mayo de 2019, el portal de noticias www.elextremosur.com, de Cristian Aliaga, recodó la tan promocionada y decepcionante revolución productiva que el gobierno de Carlos Maestro intentó llevar adelante en Chubut en la década del 90.

“El objetivo de que Chubut deje de ser una provincia monoproductiva fue siempre una declamación de los gobernantes de Chubut. Uno de los que más lejos llegó fue el radical Carlos Maestro, quien durante la década del 90 utilizó gran parte de los millones de dólares que le entregó Carlos Menem por regalías mal liquidadas para incentivar la cría de zorros y chinchillas, así como el cultivo de tulipanes y azucenas.

Se suponía que tamaña inversión generaría importantes recursos con su exportación. Dos décadas después se puede afirmar que todo aquello fue un fracaso y que nunca se aclaró del todo si parte de aquellos recursos se desviaron hacia fines ajenos a la proclamada “revolución productiva”.

Ese hombre que se inclina para correrle la manguera al vecino peronista con el fin de que cese la inundación en su patio aún conserva ciertos vestigios que permiten entender por qué alguna vez lo llamaban “El Príncipe”. Era hace menos de 30 años, cuando gobernaba Chubut.

Carlos Maestro nació en San Julián hace 73 años, pero hizo toda su carrera política en Chubut. Antes de ser gobernador entre 1991 y 1999 fue diputado provincial. Luego sería diputado nacional y senador.

Justamente ocupando ese último cargo la historia política argentina le reservó un papel estelar. Fue el vocero la UCR que le informó al presidente Fernando de la Rúa que ya no contaba con el respaldo de su propio partido, y que lo mejor sería que presentara la renuncia. Corrían los agitados días de diciembre de 2001 y las calles no estaban tranquilas; todo lo contrario.

Casi como en un espejo, no pasaría mucho tiempo más para que también Carlos Maestro debiera poner fin a su carrera política. En 2003 concluyó su fugaz mandato como senador y aunque luego intentaría más de una vez volver a contar con los favores de su electorado, éste le dio la espalda y ya no volvió a la función pública.

La “revolución productiva” propia

Cuando llegó a Fontana 50 gracias a la división peronista Valle-Comodoro, Maestro no encontró una situación sencilla. El país no se hallaba en su mejor momento y la mayoría intuía que aquello de la “revolución productiva” y el “salariazo” prometido por Carlos Saúl Menem habían resultado -en el mejor de los casos- una declaración de propósitos.

Ya habían fracasado los planes del ministro de Economía Erman González (que se quedó con algunos fondos de ahorristas a través de sus planes Bonex) cuando llegó Domingo Felipe Cavallo con su famosa convertibilidad; en la que 1 peso era lo mismo que 1 dólar.

En paralelo empezó la liquidación de bienes del Estado y para contar con los favores de los diputados y senadores el Gobierno nacional decidió reconocerles “regalías mal liquidadas” a las provincias hidrocarburíferas. A Chubut le correspondieron 414 millones de dólares. Carlos Maestro los esperaba con ansias para darle vida a su propia “revolución productiva”.

Curiosamente, sus dos diputados nacionales (Pedro Peralta y Cristina Novelli) no acompañaron la privatización de YPF que se exigía a cambio y sí lo hicieron los tres peronistas: José Corchuelo Blasco, José Arrechea y Alberto Parada.

Zorros, chinchillas y tulipanes

Cuando era ministro de Producción, Martín Buzzi ideó aquel programa de nombre común pero pegadizo: “¿De qué va a vivir mi pueblo?”. Se suponía que sentaría las bases para que en cada comarca hubiera generación propia de recursos, aliviando en parte al Tesoro provincial. Fue un intento fallido del hombre que ahora quiere volver a ser intendente de Comodoro.

Eso sí, Buzzi no fue un pionero en esa iniciativa. Antes que él estuvo Maestro con muchos millones para intentar la diversificación económica. Se dijo que con esos fondos que llegaban tras la privatización de YPF se buscaría que la economía provincial dejara de depender pura y exclusivamente del petróleo, que con la convertibilidad había dejado de ser negocio.

El desguace de YPF también dejó en el camino a mucha gente que creyó en la salvación a través del kiosquito o el taxi, transitorias soluciones mientras hubo circulante. Después llegaría la desazón y un nuevo fracaso.

Pero Maestro insuflaba fe y mientras anunciaba ampliaciones del puerto y del acueducto en Comodoro, destinaba parte de esa fortuna a actividades que serían una solución en el mediano plazo.

A través de Corfo -conducido por Jorge Salomone-, se comenzaron a instrumentar proyectos que consistían en otorgar créditos a quienes estuvieran dispuestos a innovar en cuestiones productivas. En la cordillera se destinaron 10 millones de dólares para fomentar la cría de zorros y visones, así como a la producción de cerezas, ajos, papas, tulipanes y azucenas.

Contraestaciones

La “revolución productiva” chubutense implicó la adquisición, por ejemplo, de 960 reproductores machos y hembras de zorros azules, así como una similar cantidad de visones. Años más tarde ganaderos de Esquel denunciarían que muchos criadores habían perdido el entusiasmo y libraron esos animales a su suerte, por lo que para sobrevivir se volvieron depredadores de ganado.

Pero en tiempos de “el Príncipe” había un encantamiento especial con los Países Bajos (Holanda, Bélgica, Dinamarca) y hacia allí fueron no pocas veces varios funcionarios y posibles productores para tomar nota in situ de las experiencias que aquí podrían aplicarse. Por ejemplo, se firmó un contrato con Micon para invertir en Comodoro 5 millones de dólares en generadores de energía eólica que instalaría la SCPL. Uno de sus interlocutores era el ministro de Economía de la provincia, Juan Ismael Retuerto, quien curiosamente hoy está vinculado con el negocio del viento a través de una empresa propia.

Mientras se promovía la modernización de tambos ovinos y caprinos, se creaba un Fondo Fiduciario Permanente para administrar los créditos millonarios.

“Podemos adaptar rápidamente tecnología desarrollada por ellos a nuestra zona. Se presenta como un interesante mercado para la exportación de nuestros productos en contraestación”, garantizaba Maestro por esos años en un discurso de apertura de sesiones legislativas.

“Los Países Bajos presentan similitudes con los sistemas productivos que están implementándose aquí, ya que se trata de pequeñas explotaciones que se desarrollan con alta intensidad de producción e integrados con la agroindustria”, acotaba un entusiasta gobernador que prácticamente invitaba a dejar las ciudades para internarse en bucólicos paisajes que además proporcionarían sustento.

Entre tanto acuerdo con floristas europeos para producir bulbos de tulipanes en Chubut, Corfo compraba también bulbos de lilium para producir flores para el mercado holandés. Esa era la idea.

El balance

Al concluir el gobierno de Maestro no hubo un balance preciso sobre aquella inversión con los fondos que recibió Chubut por avalar la privatización de YPF. No se la pidió su sucesor, José Luis Lizurume, porque era de su partido y faltarían algunos años para que le diera la espalda. Eso no ocurrió precisamente por cuestiones productivas.

Sí trascendería que además de créditos genuinamente concedidos para la producción hubo otros que se basaron en alianzas del momento, o directamente en el precepto de que “amigos son los amigos”. Así se habilitaron fondos para ampliaciones de hoteles o peregrinas ideas en las que se les dio vuelo a algunas aventuras que no terminaron bien.

Los pocos opositores que tuvo Maestro cuando era “el Príncipe” tildaron su iniciativa de “oportunista y política” y no faltó algún irónico como el productor ganadero Hugo Raso, que alguna vez dijo que “en un momento se apoyó la producción de ajo y fue tanta la gente que lo hizo que podíamos llegar a cubrir la demanda mundial”, llevando la imaginación a los tiempos en que los aventureros buscaban especies en tierras sin explorar y se las llevaban a cambio de espejos, algunos de colores”.

Fuente: elextremosur.com

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