sábado, 20 de julio de 2024

Mucho se habla de héroes y patriotas; la memoria histórica desgastada no por el paso del tiempo, sino por falta de actuales ejemplos y actitudes pues, el recordar al GR. Manuel Belgrano, nos debe llevar sin dudas a un verdadero “acto de contricción”.

Una vida construida con valores y transitando un camino de superación permanente, llena de sacrificios y privaciones, a pesar de provenir de un hogar de sólida posición económica que le permitió estudiar en Salamanca.

Su tarea como Secretario del Consulado, el llamado íntimo y la convicción de aportar a la Causa Americana de libertad e independencia, llevarán al joven abogado a dar paso al militar sacrificado que termina sus días inmerso en una pobreza lacerante y una enfermedad que lo detiene y lo regresa a su Buenos Aires natal -para morir en ella- merced a los favores de un amigo leal, digno y entero; el tucumano Celedonio Blbín quien tantas veces lo asiste económicamente, esta vez facilitando su retorno.

La audacia y valor irrenunciable de María Josefa Ezcurra lo acompañará un tiempo en su Campaña del Norte, alumbrando también la llegada de un hijo varón, que será amparado por su cuñado Juan Manuel (de Rozas) y su esposa Encarnación; así Pedro Pablo Rosas y Belgrano (luego) será el primogénito. Pero las noches serenas y cálidas de Tucumán encienden su amor por Dolores Helguero, quien lo hará padre de una niña rubia e inteligente que, al decir de Rivadavia “era su retrato fiel”: Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano. Los hermanos se reencontrarán con el tiempo y habitarán en Bs.As., la casona de la familia Belgrano*.

La fundación de varios pueblos durante la Campaña al Paraguay, la creación de nuestra Enseña Nacional y el Éxodo Jujeño al mando del Ejercito del Norte, pusieron de manifiesto su condición innata de conductor estratégico y líder de un pueblo y un ejército que no lo abandonó: “Había que dejarle a los godos la tierra arrasada, ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles”. El Éxodo, permitirá los triunfos de Tucumán y Salta dejando atrás pasadas derrotas, aseguraron para siempre la autoridad de los criollos, consecuente con las definiciones de mayo de 1810.

La educación como norte de todas sus empresas, lo llevará a donar cuatro escuelas con los cuarenta mil pesos que le otorgara la Asamblea del año XIII como premio a sus victorias militares de Tucumán y Salta. Las mismas serán, “escuelas públicas de primeras letras en que se enseñe a leer y a escribir, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos y obligaciones del hombre en sociedad”, según el general. Dichas escuelas debían ser construidas en Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy y Tarija en la actual Bolivia.

Distintos gobiernos no hicieron el debido uso de los fondos y recién en 1822 se construye la de Santiago del Estero, la de Tarija en 1974 y la de Tucumán en 1998. La cuarta y última (4ª) se levantó en Campo Verde un barrio de Jujuy y se inauguró el 6 de julio de 2004.

El Museo Histórico Nacional exhibía en una de sus vitrinas el reloj de oro de bolsillo con una cadena de cuatro eslabones que el rey Jorge III de Inglaterra obsequiara al general Belgrano. El 2 de Julio de 2007 la noticia fue que dicho reloj fue sustraído o claramente robado. Fue el bien de mayor valor que poseía y como próximo a su muerte, el Gobierno le adeudaba 18 meses de sueldo, pagó con él los servicios prestados por su médico el doctor Redhead.

Sin duda debe haber más de un argentino anónimo que ejerciendo algún cargo done su sueldo o no le cobren a la Patria por sus servicios, pero aquél gesto del general Belgrano de donar los suyos para construir escuelas y saber que la última recién se construyó iniciado el siglo XXI, habla muy mal de nuestra conducta como ciudadanos y constituye una falta total de respeto y reconocimiento para con nuestros próceres.

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