La temporada de invierno en la comarca andina está dejando un saldo crítico para el turismo, y en Trevelin la situación se ha vuelto alarmante. Prestadores locales describen un escenario de ocupación nula o mínima, con cancelaciones y falta total de movimiento. Las razones principales: la ausencia de nieve en los cerros y una crisis económica nacional que restringe al máximo las posibilidades de viajar.
“Este invierno no parece invierno”, resume con crudeza Roberto Gualco, prestador turístico de la ciudad. “A las tres o cuatro de la tarde podés andar en camisa, los cerros están negros, no hay nieve. Y si no hay nieve, ¿a qué va a venir la gente?”.
La postal que describe Gualco se repite en toda la zona cordillerana. Y a la falta de atractivo climático se le suma un contexto económico que ha recortado el turismo interno. “Muchos emprendimientos están trabajando con precios congelados desde octubre del año pasado, absorbiendo costos que crecieron más del 30%. Aun así, no alcanza: la gente directamente no llega”, explica.
En el mismo sentido se expresa Nancy Lema, también prestadora turística de Trevelin. “Esta actividad es muy sensible a cualquier vaivén económico o climático. Ya nos pasó con el volcán, con la pandemia, y ahora con esta situación: no hay nieve, y encima la gente cuida hasta el último peso. Pero eso no significa que no haya atractivos. Trevelin tiene productos valiosísimos para ofrecer incluso sin nieve, como el Parque Nacional Los Alerces, que está a 10 minutos del casco urbano”.
Ambos coinciden en que el invierno está marcado por la dependencia de factores que no pueden controlarse. “En octubre trabajamos con los tulipanes, en verano con los paisajes, pero el invierno depende exclusivamente de la nieve. Y si no está, como ahora, el impacto es inmediato”, señala Gualco.
La otra cara del turismo: comercios sin movimiento
La caída de visitantes repercute de manera directa en toda la economía local. “No es sólo el alojamiento: son los restaurantes, las despensas, las panaderías, las estaciones de servicio. Todo el circuito comercial depende, directa o indirectamente, del turismo”, apunta Lema.
La ocupación hotelera en muchos casos ha sido cero. Y en otros, apenas algunas reservas tomadas con mucha anticipación. Para varios emprendimientos familiares, el sostenimiento es posible a costa de ajustes internos. “El problema es mucho mayor para quienes tienen empleados a cargo y necesitan pagar sueldos todos los meses. Muchos ya agotaron sus ahorros”, advierte Gualco.
Octubre como esperanza
Mientras se termina de asumir el fracaso de la temporada invernal, las expectativas están puestas en octubre, cuando comienza el movimiento turístico por los tulipanes. “Si no fuera por eso, muchos no llegarían a diciembre”, dice Gualco. Lema, por su parte, subraya la necesidad de redoblar esfuerzos en promoción: “Tenemos productos valiosos. No hay que inventar nada. Pero necesitamos comunicar mejor lo que sí tenemos. Hay gente que está viajando, y tenemos que hacer que nos elijan”.
Ambos coinciden en que lo que se está viviendo debe ser un punto de inflexión. “No podemos depender solamente de la nieve o de un producto puntual. Hay que diversificar, hay que prepararse. Porque el clima no se puede controlar, pero las estrategias sí”, concluyen.