lunes, 20 de abril de 2026

Economía

Lecturas

Parecía vieja, a pesar de no cumplir aún treinta y cinco años. Las labores bestiales de la chacra, el sol que calcina el surco y resquebraja la arcilla, la habían curtido y arrugado la piel. Tenía la cara hinchada y roja, el andar robusto, los ojos chicos, atornillados y negros. Era miserable. Se llamaba Victoria. Vivía de escardar campos ajenos, de fregar pisos, de ir a vender, a enormes distancias,…

—¡Permítame hacerle una pregunta, caballero…! El transeúnte se estremeció y ligeramente amedrentado miró al caballero del abrigo de castor que a las ocho de la noche se le acercaba en mitad de la calle. Es de sobra conocido que el caballero petersburgués se asusta cuando un desconocido de pronto le aborda en la calle para hablar con él. Y así sucedió. El transeúnte se estremeció, ligeramente asustado. —Disculpe que…

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