
La institución de la esclavitud fue cuestionada como consecuencia de la Revolución. Hacia 1800, dicha institución merecía el repudio de los grupos ilustrados en Europa y en América, pero esto no significaba que estuviera en retroceso. La economía de las plantaciones café brasileño, azúcar de las Antillas y algodón del sur norteamericano precisaba todavía de la mano de obra esclava. Gran Bretaña, en cambio, prohibió y combatió la Trata de Negros desde 1807, a pesar de que el comercio esclavista había sido una de las bases de su crecimiento económico. Gracias a la industria movida por la máquina de vapor, podía ahora prescindir de la Trata.
En las Provincias Unidas la introducción de esclavos fue prohibida en 1812 “debido a los principios liberales proclamados por el pueblo de las Provincias Unidas”. De este modo cesó la inmigración de africanos, la tercera raíz de la sociedad criolla. La Asamblea de 1813 dio un paso más al decretar la libertad de vientres que le ponía fin a la esclavitud, pero en el mediano plazo. Procedió con prudencia para no disgustar a los propietarios, dándoles tiempo para adaptarse al nuevo orden de cosas. Pero contrariamente a una creencia generalizada, la esclavitud subsistió muchos años más, hasta que la Constitución de 1853 la declaró extinguida en todo el territorio argentino. Todavía hacia 1830 se efectuaban compras y ventas de seres humanos y se les propinaban castigos.
En la década de 1810 se registraron compras masivas de esclavos para el ejército realizadas con recursos del Estado. Los negros incorporados a las filas obtenían su libertad al precio de la sangre. La infantería del ejército que San Martín llevó a Chile la formaban los libertos de Cuyo que pelearon en Chacabuco y en Maipú. El legendario Falucho es una figura emblemática de la raza negra, con plaza y monumento en la capital argentina, aunque su realidad histórica no esté bien asegurada. Pero por lo general fueron pocos los honores militares y muy elevada la mortandad sufrida por la gente de color en las campañas de la Independencia, del Brasil, del Desierto y del Paraguay.
La incorporación de afroargentinos al ejército repercutió entre las mujeres de esa comunidad en condiciones de formar pareja. Hacia 1827, la población negra de Buenos Aires era el 26% del total, pero cada 100 mujeres había sólo 58 varones. Fue así como disminuyó la natalidad de los negros y aumentó el mestizaje¹¹.
Los hijos de esclavos nacidos a partir de 1813 quedaban en libertad al llegar a la mayoría de edad. Hasta entonces vivían al amparo de sus antiguos amos y trabajaban para ellos a cambio de un pequeño salario acumulativo a fin de que tuvieran algún recurso. Pero para disfrutar más tiempo de esta mano de obra se practicaron distintos subterfugios. En Mendoza, por caso, las libertas se emancipaban al cumplir 25 años. Por tal razón muchos libertos recurrieron a la justicia y ésta por lo general aceptó sus reclamos.
El afroargentino era menospreciado por el color de la piel y por descender de esclavos. La segregación se aplicaba, como se dijo, en las escuelas y en el Hospital de Mujeres atendidos por la Sociedad de Beneficencia porteña. En Córdoba (c.1830) sólo dos mulatos podían ingresar por año a los estudios secundarios.
Los artesanos constituían el sector de mayores recursos y consideración social de la gente de color. El negro era el artesano textil en Córdoba y el obrero agrícola en los viñedos de Mendoza. Desempeñaba asimismo funciones culturales: casi todos los primeros maestros de música eran negros o pardos, dotados de un oído excelente, recuerda José A. Wilde. Las negras trabajaban en forma independiente o para provecho de sus amos, como lavanderas, planchadoras y vendedoras ambulantes.
En la década de 1820 funcionaban en Buenos Aires numerosas sociedades de negros, controladas por el Estado y nucleadas según los nombres de las naciones venidas de África: Congo, Mandinga, Camdumbá, Benguela, Lubola, Mina, Angola, Mozambique. Eran asociaciones de socorros mutuos que defendían los intereses comunitarios, reclamaban justicia si había esclavos golpeados o libertos retenidos, y juntaban dinero para los funerales de los socios.
Organizaban candombes, fiestas en las que todo el mundo bailaba danzas rítmicas de origen africano y que fueron políticamente utilizadas en la época de Rosas.
La identidad de los africanos y sus descendientes se fortaleció a través de la danza y la música, de las festividades religiosas y del alegre y pagano carnaval.
Texto de: “La Argentina – Historia del país y de su gente” María Sáenz Quesada
