La historia de los pueblos originarios ha sido callada durante mucho tiempo. Y quienes escribieron sobre ella a menudo fue gente que la tergiversó para justificar el ataque o la discriminación. Así, se pintó a los aborígenes como salvajes, sanguinarios, malvados o tontos; de esta manera la gente podía creer que estaba bien sacarles la tierra, esclavizarlos o matarlos. O que era correcto y natural obligarlos a vivir de una forma contraria a sus costumbres y deseos.
Esta historia son muchas historias. A partir de ellas podrá entenderse no solo qué pasó con cada pueblo originario, sino en general con la Argentina y su gente. Estas historias pueden ser difíciles de reconstruir, porque a veces la memoria se perdió o fue escondida, o no se han encontrado todavía registros y datos suficientes. Pero otras veces, los relatos transmitidos de padres a hijos o la investigación nos ayudan a conocerlas.
Cada una de ellas merece un espacio mucho mayor que estas páginas. Por eso, aspiramos a que cada pueblo originario, con el conocimiento que haya reunido, pueda contar en el futuro su propia historia. Aquí solo trataremos de mostrar, muy brevemente, el marco general y algunos aspectos importantes.
Los aborígenes como imagen de peligro
Muchas personas solo conocen una imagen deformada de los aborígenes. En gran medida, esta se transmite a través de los libros de historia o los medios de comunicación. Así sucede con las películas donde aparecen los indios como una amenaza, un peligro a ser controlado, no como gente respetable, con su forma de vivir y pensar, sus derechos y sentimientos.
Territorios indígenas a mediados del siglo XVI
Los españoles llegaron al actual territorio argentino por distintos lugares: deseaban conquistar la tierra, extraer riquezas, y para ello debían dominar y hacer trabajar a sus habitantes.
Por eso es que hubo mucha resistencia a los conquistadores: ellos no pretendían convivir en paz e igualdad con los pueblos que aquí vivían desde hacía casi diez mil años.
Algunos que vivían en los lugares donde se fundaron las nuevas ciudades o asentamientos resultaron conquistados y frecuentemente exterminados. Otros debieron retirarse a zonas más alejadas o de difícil acceso, y mantuvieron una guerra de resistencia a la conquista que incluso continuó después de la caída del dominio español en América. Por último, otros pueblos más alejados no tuvieron casi contacto con los españoles (este es el caso de los ona y yagán, en Tierra del Fuego).
El resultado de la conquista fue una gran mortandad entre los aborígenes. Las causas principales fueron las guerras, el agotamiento y desnutrición en el trabajo forzado, y las enfermedades contagiadas por los españoles.
La encomienda
Los reyes de España otorgaban a cada colonizador que se destacaba en la conquista una porción de territorio americano, junto con los aborígenes que allí vivían. Estos debían trabajar en su provecho, a menudo prácticamente como esclavos, aunque supuestamente la encomienda implicaba que el encomendero debía protegerlos, además de convertirlos a la religión católica. Esta organización se dio en algunos sectores de la Argentina, como en el Noroeste y parte de Cuyo.
El territorio español en la época colonial
Hasta fines del período colonial, la mayor parte del territorio argentino actual era ajeno al dominio español.
Es necesario aclarar un engaño que los mapas producen. Estos suelen mostrar que los españoles poseían un territorio grande. Pero lo que no nos permite saber el diseño de esos mapas es que en una parte muy importante de este territorio los españoles no poseían un dominio real. Durante muchos años ellos solo tuvieron enclaves, áreas pequeñas o ciudades fortificadas, y en el resto del territorio que los rodeaba disputaban el control con grupos aborígenes.
Las misiones

Pero los españoles no solamente les hicieron la guerra a los aborígenes. Entre ellos había muchas discusiones y diferentes opiniones sobre cómo tratarlos. Así, surgieron también organizaciones que, si bien tenían como objetivo colonizarlos y a menudo colaboraron con este fin, también propiciaron experiencias de integración pacífica.
Las misiones eran establecimientos de órdenes religiosas de la Iglesia Católica, cuyo objetivo fundamental era evangelizar a los pueblos originarios, es decir convertirlos al cristianismo. Además, en ellas se procuraba agrupar a los aborígenes en un sitio fijo, educarlos en los conocimientos de los europeos, y acostumbrarlos a la disciplina y técnicas del trabajo occidental.
Esta acción educativa y disciplinaria de las misiones tuvo un doble papel: por un lado, la colaboración en algunos aspectos con los objetivos de la conquista; por el otro, la parcial protección a los pueblos originarios respecto de la violencia militar típica de los conquistadores. Las misiones, entonces, mitigaron la voracidad de quienes solo querían esclavizarlos, sin que les importaran sus vidas. Sin embargo, también ellas se beneficiaban del trabajo aborigen, y en muchos casos contribuyeron a sujetar por la vía pacífica a aquellos grupos no sometidos por la fuerza militar.
Como una consecuencia menos inmediata de su paso por las misiones, la experiencia de los aborígenes en las mismas produjo importantes transformaciones culturales entre algunos grupos. Muchas lenguas americanas fueron volcadas a la palabra escrita, y se compusieron varios diccionarios y catecismos en idiomas originarios, cuya finalidad era facilitar la evangelización.

