Las colectividades que materializaron el poblamiento regional y protagonizaron el fenómeno urbano, aportaron sus tradiciones, lengua y cultura, proyectos y esperanzas, y se dieron formas asociativas y solidarias que los nuclearon y diferenciaron, y que fueron ámbitos para preservar sus identidades culturales propias y para contribuir a la configuración de una identidad nueva e integradora.
Era frecuente que se afincaran en la Colonia inmigrantes que con anterioridad habían estado instalados en otros países de inmigración, como así también que algunos colonos, después de años de estar aquí, abandonaran Chubut para regresar a su país de origen o para establecerse en otros países.
Del primer tipo, vale mencionar el contingente de 1874 procedente de EE. UU. y constituido por familias galesas que luego de emigrar a la Unión y permanecer allí durante varios años llegando a ser farmers (granjeros) prósperos, vendieron sus propiedades y compraron un vapor para trasladarse con sus pertenencias al Valle del Chubut, porque priorizaban la preservación de su identidad cultural que allá estaban perdiendo.
Del segundo tipo, además de casos individuales o de pequeños grupos que se alejaron para radicarse en otros lugares de Argentina o Brasil, la baja más importante fue en 1902 la partida de 250 galeses (en principio se estimaba que serían 500) que desalentados por las tremendas inundaciones de 1899 y 1902, se fueron a Canadá. El motor de la emigración fue el pastor anglicano y gran parte de los que se fueron pertenecían a ese culto.
Los galeses, que constituyeron la corriente pionera que intentó la utopía de fundar “una Nueva Gales en el Sur”, diseminaron en toda la colonia sus capillas, utilizadas para el culto dominical de las diversas confesiones, y que en algunos casos sirvieron como locales escolares. En 1891 fundaron la Sociedad San David, entidad cultural que ha sido clave para la preservación de los Eisteddfod, (“juegos florales”), evento que involucra competencias corales, literarias y artesanales que están incorporadas ya al acervo de toda la sociedad chubutense, y en 1915 inauguraron el Salón San David, su sede sociocultural.
Otras formas asociativas peculiares de los galeses fueron las “compañías de riego”, verdaderas cooperativas de trabajo mediante las que se construyó y se realizó el mantenimiento del sistema de canales de regadío, y la Compañía Mercantil del Chubut, de carácter cooperativo, que tenía por objeto defender los intereses de los colonos proveyéndolos de insumos y mercancías y comercializando su producción.
Los italianos tuvieron una presencia temprana en la nueva población: Al iniciarse la construcción del ferrocarril en 1887, se contrató en Buenos Aires un contingente de inmigrantes italianos, que en gran parte permanecieron posteriormente en el territorio, y a los que se fueron agregando otros grupos de connacionales hasta comienzos de la década de 1950. Constituyeron la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos en 1893, y en 1912 inauguraron el Teatro Verdi. Se dedicaron a la construcción, la agricultura y oficios varios, y su amor por la música lírica se canalizó en orquestas y bandas, con las periódicas visitas de cantantes de gira por Sudamérica. También fueron italianos los misioneros salesianos en la Patagonia.
Los españoles fueron llegando en forma más dispersa pero en mayor número, y se dedicaron al comercio, la hotelería, la ganadería y el transporte (carreros). Formaron la Sociedad Española de Socorros Mutuos en 1908, e inauguraron el magnífico Teatro Español en 1919, ámbito privilegiado de representaciones teatrales, zarzuelas y kermeses.
Otras etnias o nacionalidades tuvieron representación numérica menos significativa pero su importancia en el desarrollo de Trelew fue relevante:
Franceses, que instalaron una herrería y carpintería (Davignon, “fábrica de carros y carruajes”), la primera usina eléctrica y el servicio telefónico (Richelet), y emprendieron la primera urbanización con un proyecto integral: el Barrio Modelo (Blaya Dougnac).
Alemanes, que establecieron grandes casas de comercio y acopiadoras de lana (Lahusen, Meyer, Thies), la primera industria (Kurt Guttwein, fábrica de cerveza), y se destacaron como artesanos: carpinteros (Herman Mayer, el constructor del kiosco de la plaza), ebanistas, herreros, mecánicos.
Árabes, sirio-libaneses de origen e identificados como “turcos” porque estaban documentados como súbditos del Imperio Otomano, se transformaron en pequeños comerciantes, instalándose en la ciudad como tenderos y en la campaña como “bolicheros”, o dedicándose a la venta ambulante como “mercachifles” que recorrían el territorio, y que con frecuencia terminaban asentándose como ganaderos.
Judíos, que por provenir del imperio de los zares eran denominados “rusos”, y que se establecieron en el comercio como tenderos, sastres, peleteros, muebleros.
También llegaron portugueses y eslavos, y entre los latinoamericanos, los más numerosos fueron los chilenos, que, escasos en el litoral, eran numerosos en la región cordillerana, en la que la frontera era casi inexistente a los fines prácticos, y donde tuvieron un papel importante en su poblamiento.
El censo nacional del año 1895 indicaba para el Territorio Nacional del Chubut una población de 3.748 personas, que en el censo de 1915 se habían elevado a 23.065, con un fuerte predominio de extranjeros: de los 12.481 argentinos, sólo 5.041 eran argentinos nativos.
Fragmento del libro “Trelew y su hinterland 1889-1999”, de Horacio Ibarra y Carlos Hernández

