lunes, 16 de febrero de 2026
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Saint Jean, saluda a Camps en una reunión de protocolo. Foto del centro de detención clandestina conocido como “El Pozo de Quilmes”

En la Zona 1, en la provincia de Buenos Aires, con epicentro en La Plata, funcionó el “Circuito Camps”, una red de centros clandestinos ubicados en dependencias policiales. Se lo denominó de esa forma en referencia al jefe de la policía provincial, coronel Ramón Camps. Su superior inmediato era el abogado Jaime Smart, ministro de Gobierno entre 1976 y 1978, y por encima de ambos estaba el general Ibérico Saint Jean, gobernador de la provincia, que aspiraba a ser uno de los herederos del poder militar de la Junta, en reemplazo de Videla.

El “Circuito Camps” comenzó a funcionar a partir del golpe de Estado, con operativos de secuestros que coordinaba el Comando de Operaciones Tácticas (COT) de la Brigada de Investigaciones de La Plata, bajo la dirección del comisario Miguel Etchecolatz. Era la mano derecha de Camps: comandaba los operativos y también se ocupaba de las torturas.

Quien ingresaba al “Circuito Camps” tenía cuatro posibilidades: ser liberado; ser “legalizado” y puesto a disposición del PEN; pasar a otro centro clandestino; o ser eliminado, como sucedió con la mayoría de los prisioneros.

En el “Circuito Camps” se persiguió a militantes políticos, dirigentes partidarios, ex funcionarios y también a empresarios, acusados de ser “cómplices financieros y culturales” de la guerrilla.

En su recorrido de centros clandestinos, los prisioneros pasaban por la Brigada, donde permanecían dos o tres días, y luego los trasladaban al “Destacamento de Arana”, un centro de torturas en el que se quemaron cadáveres, y después a la Comisaría 5ª, en La Plata.

En esa repartición, el personal policial que mantenía secuestrados en los calabozos vestía uniforme y cumplía las tareas de atención al público, pero aun así torturaba, abusaba de menores, y allí se realizaban partos de detenidas.

Otro de los recorridos del circuito era “La Cacha”, en la localidad de Lisandro Olmos, cerca del penal. Allí solía concurrir un cura, monseñor Antonio Callejas, que oficiaba misas en la Catedral.

Otro de los destinos era la Brigada de Investigaciones de Quilmes, conocido como “El Pozo de Quilmes”, donde los detenidos llegaban en un camión y les hacían simulacros de fusilamiento. Eran tres pisos de calabozos, casi siempre llenos. La custodia era personal policial. Después pasaban al “Pozo de Arana”, donde se torturaba cerca de los calabozos y también a “El Vesubio” sobre la autopista Ricchieri y el camino de Cintura. En la Brigada de Investigaciones de Lanús, conocida como “El Infierno”, a los prisioneros les daban agua con una manguera que atravesaba una mirilla, y cada tanto, algún alimento para comer. Una de las detenidas pesaba sólo 29 kilos cuando salió de la Brigada de Lanús. Para los “traslados”, los bañaban y los vestían y luego los mataban para hacerlos aparecer como “muertos en enfrentamientos”. En el “Circuito Camps” los detenidos permanecían mucho menos tiempo que en otros centros clandestinos.

El capellán de la policía bonaerense, monseñor Christian Von Wernich, recorría el “Circuito Camps” con el argumento de dar alivio a los detenidos ilegales, a quienes interrogaba como lo hacían los torturadores, para extraerles información.

El “Circuito Camps” también tenía otros centros clandestinos, como COT1 (Comando Táctico 1), en Martínez, y “Puesto Vasco”, en Don Bosco, Bernal, que secuestraban persiguiendo una finalidad económica, en el marco de una interna de los “militares duros” (Saint Jean-Suárez Mason-Camps), que querían imponerse sobre los supuestamente “moderados” (Videla-Viola).

En Puesto Vasco fueron torturados los ministros del gabinete bonaerense de Victorio Calabró y también, en marzo de 1977, los integrantes del Grupo Graiver: la esposa, el cuñado, el abogado y los socios del banquero, entre ellos, el director de La Opinión, Jacobo Timerman.

De Timerman se ocupó personalmente Camps. Lo acusaba de haber “envenenado las mentes de los jóvenes con su literatura marxista publicada en La Opinión”, pero cuando lo tuvo detenido en abril de 1977 no solo quería vincular las finanzas de Montoneros con las acciones del diario -mediante Graiver-, sino, y principalmente, atacar el “poder judío” que habían representado David Graiver, José Gelbard y el propio Timerman. Camps solía agregar la inscripción de “judío” a sus enemigos.

Después de un interrogatorio, grabado, en la Brigada de La Plata, Timerman fue llevado a Puesto Vasco para ser torturado con picana eléctrica. Los guardias que lo pateaban le gritaban “perro judío”.

 

Fragmento del libro “Los 70, una historia violenta”, de Marcelo Larraquy.

 

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