
Ambos líderes, buscados por narcotráfico, fueron detenidos un 3 de enero. No es la única semejanza con aquella otra intervención de 1989, a la espera de si la transición en Venezuela será la misma que se produjo en Panamá.
En noviembre, altos cargos del Congreso y de la Administración Trump ya hablaban en Washington de un ataque como el perpetrado en Venezuela en la madrugada de este 3 de enero. En concreto, manifestaban públicamente lo pertinente y necesario que sería buscar para Nicolás Maduro un desenlace parecido al que sufrió en 1990 el dictador de Panamá, Manuel Antonio Noriega. Resulta curioso que la operación y captura de ambos líderes se haya producido el mismo día, 3 de enero, aunque con 35 años de diferencia.
El senador republicano Lindsey Graham, una de las voces más influyentes en política exterior entre los aliados del presidente Donald Trump, lo expresó sin rodeos en la red X: «Bush padre se cargó a Noriega en circunstancias parecidas. Hay un califato de la droga en nuestro vecindario que incluye a Venezuela, Colombia y Cuba. Cuanto antes se vaya Maduro, mejor para Venezuela y para Estados Unidos».
A medida que se van conociendo más datos sobre esta última operación, las semejanzas con lo ocurrido en Panamá son cada vez mayores, incluida la escalada previa en la presión militar, la esperada transición que se producirá también en el régimen chavista y la relación de ambos casos con el narcotráfico. Hace una semana, de hecho, Trump anunció que había destruido una gran instalación en tierra vinculada con el tráfico de drogas en el marco de su campaña contra Maduro, el cual ya era buscado por narcoterrorismo y se enfrentaba a una cadena perpetua en Estados Unidos.
En el caso de su antecedente, en 2013 se desclasificó un documento «súper secreto» de la CIA que, bajo el título ‘Panamá: Noriega en control’, establecía: «Varios miembros de las Fuerzas de Defensa de Panamá participan o protegen operaciones de narcóticos en el país. No tenemos una pistola humeante [pruebas rotundas contra el entonces dictador], pero Noriega está estrechamente asociado con el tráfico de drogas».
Aquella operación se inició en 1989.
El ataque de los norteamericanos se puso en marcha, igual que con Maduro, para capturar al máximo dirigente del país, que era también buscado por narcotráfico por la justicia occidental.
Captura de Noriega
Lo sucedido hace 35 años sigue rodeado de misterio, ya que no existen cifras definitivas de las víctimas de aquel ataque. Documentos estadounidenses desclasificados y publicados en el portal Panama Files ratificaron los datos que se manejaban oficialmente: 202 civiles y 314 militares muertos, la gran mayoría pertenecientes a las fuerzas locales. Extraoficialmente, sin embargo, se habla de entre 500 y 4.000 civiles fallecidos, datos que cuadran con las cifras que ofreció el Gobierno de George H. W. Bush sobre la invasión.
En palabras de este ejecutivo, el 20 de diciembre de 1989 fueron movilizados 26.000 soldados. Este contingente suponía más del doble de las fuerzas panameñas, que sumaban 12.000 combatientes apoyados por milicias locales. «Bush explicó que era la ‘única opción’ que le quedaba para defender la democracia y las ‘vidas amenazadas’ de los norteamericanos en Panamá, así cómo salvaguardar el Canal y combatir el narcotráfico», informó ABC.
A la espera de que el presidente Trump ofrezca más detalles, sabemos que la responsabilidad de la captura y extracción de Maduro ha recaído en la unidad de operaciones especiales Delta Force, según recoge la cadena CBS. Este comando especializado en contraterrorismo, acción directa, rescate de rehenes y reconocimiento perteneciente al Ejército de Estados Unidos se creó en 1977. Es el encargado de realizar las operaciones clasificadas de alto riesgo y se divide en cuatro escuadrones. El más numeroso es el de asalto, el cual se cree que ha sido el encargado de capturar a Maduro.
‘Operación causa justa’
Aunque no ha tenido la misma propaganda que otras operaciones militares, la ‘Operación causa justa’ de 1989 fue una de las más destacadas de Estados Unidos desde la guerra de Vietnam. No solo se utilizó tecnología puntera para la época, como el avión F-117, que era invisible a los radares, sino que participaron más de 3.000 paracaidistas, una cifra solo superada en grandes ofensivas de la Segunda Guerra Mundial, como el Desembarco de Normandía o Market Garden.
En el mismo documento desclasificado en 2013, la CIA aseguraba que era «poco probable» que Noriega –colaborador de la Agencia en el pasado–, solicitara «apoyo militar a Cuba, Nicaragua y los fundadores de Libia». Es decir, Estados Unidos no solo veía el asalto asequible, sino fácil de completar con éxito en un breve periodo de tiempo. Sin embargo, se mostraban pesimistas en lo que se refiere a la posibilidad de que el dictador fuese derrocado y se produjera una transición política: «Seguirá teniendo el control firme en el futuro cercano», aseguraba el informe. Como se pudo comprobar después, se equivocaban.
La CIA supo después que Noriega había estado preparando sus defensas desde 1988 ante la posible invasión, con «la entrada de refuerzos por la ciudad panameña de David enviados por parte de Cuba y Nicaragua, además de helicópteros de ataque, 50.000 fusiles AK y otro montón de armas», recordó en EFE el mayor retirado y exjefe de Inteligencia panameño Felipe Camargo. No sirvió de nada. El dictador fue perseguido durante un mes hasta ser acorralado. Se entregó el 3 de enero de 1990.
El juicio
Al día siguiente fue subido a un avión con dirección a Miami, donde fue encarcelado en espera de juicio. No comenzó hasta abril de 1992, en el Tribunal Federal del Distrito Sur de Florida. Estados Unidos autorizó que se descongelaran seis millones de dólares de su fortuna para que pudiese sufragar los gastos de la defensa, aunque surgieran algunas voces críticas para las que resultaba inexplicable que pudiera poseer lícitamente esa cantidad.
Fue declarado culpable de ocho cargos por narcotráfico, crimen organizado y lavado de dinero, por los que fue condenado a 40 años de prisión, sobre todo, gracias al testimonio ofrecido por Carlos Lehder, jefe del cartel de Medellín, quién negoció a cambio una rebaja de su pena. Más tarde, se le redujo la pena a 30 años y el 11 de diciembre de 2011 fue extraditado a Panamá, tras cumplir más de veinte años en Estados Unidos y Francia. Falleció en 2017, a los 83 años, en el Hospital Santo Tomás de Ciudad de Panamá, tras haber estado en coma inducido desde marzo debido a una operación por un tumor cerebral.
Dos años antes de morir, cuando llevaba 26 años en prisión y aún estaba pendiente de hacer frente a varias acusaciones por violaciones de los Derechos Humanos durante sus seis años en el poder, el exdictador declaró: «Le pido perdón a toda persona que sienta ofendida, afectada, perjudicada o humillada por mis acciones o las de mis superiores en el cumplimiento de órdenes o las de mis subalternos en ese mismo estatus».
Fuente.: ABC
