
La Policía era uno de los factores de diferenciación, con dos poderes muy distintos según fueran dentro del ejido urbano o fuera de él. Paulino Cores, funcionario policial en la década del ’30, le cuenta al estudiante de Historia de la UNPSJB Milton Jones:
“El armamento se fue regularizando cuando la Policía Federal cambió sus armas y uniformes y se hizo una entrega de la usada a los policías de los territorios (…) Medios de movilidad no tuvimos nunca hasta que vino la zona militar, pero antes no teníamos ni chatitas, nada. El único medio de movilidad que había era el caballo del sargento Castro, que era de su propiedad. Para mantenerlo, La Anónima, que proveía a los hacendados, le pagaba cada tanto un vale por fardos de pasto. Pero eso nos pasaba a nosotros acá, en la ciudad. En Y.P.F., en Astra, en ‘el ocho’, que entonces era la Ferrocarrilera, ellos tenían nafta y chatitas, pero eso era todo a cargo de las empresas”.
También la posibilidad de intervención en delitos o averiguaciones es delimitada para la Policía de Comodoro Rivadavia. El relato de Cores cierra con una precisión al respecto: “nosotros teníamos jurisdicción hasta ese puente que hay entrando para barrio Mosconi, desde allí todo quedaba a cargo de Y.P.F., quedando el pueblo para nosotros”.
Fragmento del libro “Crónicas del centenario”
