Nació en 1919 cerca de La Mimosa. Su mamá tenia campo por allá. En 1933 se fueron a Caquel, cerca de Tecka para adentro, y desde 1935 hasta 1962 estuvieron en un puesto en la estancia Pampa Chica.
Don Miguel Salinas, su papá, siempre se dedicó a la cría de animales. En invierno había hasta dos metros de nieve, era una vida muy dura. Había que rescatarlas ovejas enterradas en la nieve.
“Los dueños de la estancia eran ingleses, allí había un teléfono para comunicarse, pero en el puesto no había ni radio para escuchar.
Al pueblo solo bajábamos para comprar.
Don Francisco Torres tenía un camión y recorría los puestos vendiendo víveres, ellos tenían una chacra y nos vendían ajo, cebollas, papas, mucha verdura, tenían muy buena cosecha.
En 1962 ya nos vinimos para Corcovado. Tuve quince hijos, hoy solo viven diez. Vinimos con mi marido y compramos una chocita de barro y retamo, arriba tenía pienus abajo cocina.
La segunda casa que tuve la hicieron de casqueros del aserradero. Mis hijos los tuve a todos en la casa. Recuerdo que en la sala de primeros auxilios atendía Doña Rosa Díaz, cuando había algún enfermo ella lo cuidaba muy bien. Mis hijos fueron todos a la escuela vieja que era la N° 44, Nacional. Recuerdo al maestro Ferroni y también a los Baigorria. A los chicos les gustaba ir a la escuela, allí se divertían y también peleaban. A veces se “ocupaban” en el aserradero para plantar pinos, se divertían con esa actividad y se ganaban algunos pesos.
En la casa hacíamos chacra y cosechábamos avena, arvejas, papas, lentejas, tomate, acelga, etc.
La verdura se secaba al sol o al viento, luego se molía y se conservaba para todo el año.
Para entretenerse a veces se hacían bailes a beneficio de la escuela.
La iglesia llegó hace pocos años al pueblo. Antes venía un cura a los bautismos, recorría los puestos con un Ford “A”, se llamaba Parolini.
Uno en la casa fabricaba todo, compraba las piezas de tela y se hacía la ropa, mi marido hacía el calzado para los chicos, yo cortaba moldes y él los cosía, eran de suela fina y suela gruesa. Los tamangos se usaban para andar en el campo.
Con las tierras no había problemas, uno iba, buscaba una parcela y después solo había que ir a Esquel a la oficina de tierras”.
Libro “Corcovado, historias y recuerdos”

