Desde la actividad minera se han diseñado técnicas que utilizan las empresas para la utilización del agua de modo sustentable y sostenible. La minería utiliza alrededor del 1% del agua total disponible en una región, de los cuales se usa aproximadamente: un 40% en el procesamiento del mineral, otro 40% en los relaves y para el control de polvo y refrigeración el 20% restante.
El planeta Tierra está compuesto de un 71 % de agua. Este valioso recurso circula y se renueva permanentemente en lo que se conoce como el Ciclo del Agua. Existen tres grandes reservorios de agua que interactúan de manera continua:
1) Los océanos y mares (agua salada) donde se encuentra el 96% del total,
2) Los polos que albergan el 3%
3) Glaciares, lagos, ríos y acuíferos en los continentes, que junto a la atmósfera contienen solo el 1% restante.
Con los medios convencionales actualmente disponibles, solo es posible acceder al 13% del agua dulce del planeta. Sin embargo, es importante destacar que con las nuevas tecnologías podemos obtener agua dulce partiendo del agua de mar, la que puede utilizarse para consumo humano, agricultura e industria.
Huella Hídrica
La huella hídrica es un indicador ambiental que mide el volumen total de agua dulce usada directa e indirectamente para producir bienes y servicios, o para satisfacer las necesidades de un individuo, empresa o país, revelando nuestro impacto en los recursos hídricos y promoviendo un uso más consciente del agua en la producción de todo: alimentos, ropas, carnes, industria, minería, extracción y refinación de petróleo, generación de energía eléctrica, etc.
La huella hídrica se la clasifica en tres tipos:
Huella Hídrica Azul: Agua dulce de fuentes superficiales y subterráneas (ríos, lagos, acuíferos) que se consume y no se devuelve al ciclo.
Huella Hídrica Verde: Agua de lluvia almacenada temporalmente en el suelo y la vegetación, crucial para la agricultura y silvicultura (es la ciencia y el arte de cultivar y manejar bosques de manera sostenible).
Huella Hídrica Gris: Agua necesaria para diluir contaminantes y mantener la calidad del agua durante los procesos productivos.
Es de fundamental importancia para la subsistencia de la humanidad, la fauna y la flora del planeta que se tome conciencia de donde realmente están los reservorios de ese vital elemento y los productos que lo contienen como carnes, verduras, frutas, etc. y gestionar correctamente para reducir el consumo de agua y mejorar su eficiencia. Es clave efectuar gestiones sostenibles tratándose de un recurso tan limitado, especialmente ante la creciente demanda de agua a nivel mundial.
Alimentos
La FAO – Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, determina que la huella hídrica para la producción de la comida se lleva el 70% del agua que se gasta a nivel mundial y se distribuye de la siguiente manera:
Agua necesaria para producir (expresado en litros):
Un kilogramo de carne de: Ternera: 15.000, cordero: 8.700, cerdo: 6.000, pollo: 1.300.
Medio kilogramo de legumbres y cereales: Arroz: 1.700, maíz: 450, trigo: 500, lentejas: 25.
Unidades de frutas y verduras: Manzana: 70, naranja: 50, papa: 25, tomate: 13, lechuga:13.
Bebidas: 1 litro de leche: 1.000, 1 taza de café: 140, 1 botella de vino: 720, 1 botella de cerveza: 318, 1 vaso de jugo de naranja: 136.
Alimentos elaborados: 1 paquete de manteca: 540, 1 hamburguesa: 2.400, medio kilogramo de queso: 2.500. una barra de chocolate: 4.250.
Un plato de ensalada (tomate, lechuga y cebolla) requiere de 40litros de agua para su producción y lavado.
Industria
La huella hídrica industrial es un indicador que mide el volumen total de agua dulce utilizada para producir los bienes y servicios. A diferencia de la medición tradicional, ésta incluye tanto el consumo directo (operaciones internas) como el indirecto (cadena de suministro) y el uso por parte del consumidor final.
Aproximadamente el 10% al 20% del agua dulce extraída a nivel mundial se destina al sector industrial, distribuidos de la siguiente forma:
Química y Farmacéutica: Tienen una huella hídrica compleja y muy significativa, dominada por la huella gris, como reactivo, disolvente, refrigerante y purificador.
Alimentarias y Bebidas: Abarca los tipos verde, azul y gris en los procesos de cultivo, lavado, hidratación, cocción y disolución. Su impacto se ve incrementado por el desperdicio de alimentos, que consume una parte significativa del agua dulce global.
Energías: En centrales térmicas y nucleares, utilizadas para generación de vapor y refrigerante.
Textil y Metalurgia: Es muy alta y variable debido a su uso masivo en refrigeración, limpieza y procesamiento, con un impacto muy significativo por la inevitable generación de aguas residuales contaminantes. El sector industrial con mayor demanda de agua es el Textil que utiliza grandes volúmenes para el cultivo, elaboración y teñido de fibras.
Litros de agua necesarios para producir (expresado en litros):
Un Automóvil: Aproximadamente 148.000.
Una Camiseta de algodón: Más de 2.700.
Pantalón tipo jeans: Hasta 10.800.
Traje de saco y pantalón: 5.500.
En la confección de prendas de vestir, teñido y acabado usan grandes cantidades de agua y químicos, generando aguas residuales extremadamente tóxicas.
La norma ISO 14046 es un estándar internacional publicado en el año 2014, que establece los principios, requisitos y directrices para evaluar la huella de agua de productos, procesos y organizaciones, basándose en el Análisis de Ciclo de Vida para cuantificar los impactos hídricos directos e indirectos, ayudando a las empresas a gestionar de forma sostenible los recursos hídricos y mejorar su desempeño ambiental.
Es una herramienta metodológica para que las empresas comprendan y gestionen su impacto en los recursos hídricos a lo largo de toda su cadena de valor, ofreciendo una visión holística (como un todo integrado y completo) y estandarizada del consumo y contaminación del agua.
Las empresas industriales priorizan las siguientes acciones de sostenibilidad:
Recirculación y Reutilización: Implementar sistemas de circuito cerrado donde el agua se trate y vuelva a usarse en la planta.
Optimización de Procesos: Modernización de maquinaria para reducir fugas y mejorar la eficiencia del uso por unidad producida.
Gestión de la Cadena de Suministro: Colaborar con proveedores para reducir la huella hídrica indirecta.
Certificación ISO 14046: Aplicación de estándares internacionales para la evaluación rigurosa del ciclo de vida del agua.
Cosecha de Lluvia: Captura y aprovechamiento de agua pluvial para usos no potables dentro de las instalaciones.
Consumo Humano
Menos del 1% del agua dulce disponible del planeta es para consumo humano. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona requiere diariamente de 100 litros de agua para satisfacer sus necesidades, tanto de consumo como para higiene.
El agua segura es aquella que por su condición y tratamiento no contiene gérmenes ni sustancias tóxicas que puedan afectar la salud de las personas. El uso de agua segura ayuda a prevenir enfermedades diarreicas y el síndrome urémico hemolítico.
El agua potable lista para el consumo humano debe ser transparente, inodora, incolora, insípida. Debe contener minerales como yodo, flúor y cloro, en cantidades permitidas, para evitar enfermedades como el hipotiroidismo, caries dentales y enfermedades infecciosas gastrointestinales.
El agua para la minería
El agua es vital en la minería para procesamiento de minerales, control de polvo, refrigeración y consumo de los mineros, pero su uso genera debates por la escasez hídrica relacionada con la ubicación geográfica del yacimiento, siendo su consumo muy significativo en regiones áridas.
La minería utiliza alrededor del 1% del agua total disponible en una región, de los cuales se usa aproximadamente: un 40% en el procesamiento del mineral, otro 40% en los relaves y para el control de polvo y refrigeración el 20% restante.
Conclusión
Una minería segura, no solo dependerá de proteger el agua ya que también puede existir contaminación del aire y del suelo. Hay que considerar también que la contaminación no está limitada al área de la explotación minera propiamente dicha, sino que hay que tener en cuenta los traslados y estocajes de los productos a utilizar, como así también del acopio de minerales y el almacenamiento de residuos como relaves y escombreras.
Es imposible pensar en una seguridad absoluta, con “riesgo cero”, la calidad de vida de los habitantes ya no dependerá solamente de los métodos utilizados para su explotación, que están contemplados en la ley, sino dependerá exclusivamente de hacer cumplir “al pie de la letra” todos y cada uno de los procesos a utilizar previamente pautados y rubricados en los contratos.
Es imprescindible pugnar para que la explotación minera en la provincia se lleve a cabo bajo un riguroso y eficiente control de la Policía Ambiental Minera de Mendoza, creada el 4/6/2024 por la Ley 9.529, que también establece el Código de Procedimiento Minero, una figura clave para fiscalizar el cumplimiento de las normativas ambientales, de seguridad e higiene inherentes a la actividad minera.
Por Oscar Alberto Nieto, ingeniero – Exprofesor de la UTN-FRMza, para Los Andes

