lunes, 26 de enero de 2026

El arquitecto y piloto esquelense, tiene 51 años y constantemente se entrena para perfeccionar su nivel en la disciplina. Una historia ligada al vuelo, los viajes por el mundo y la adrenalina.

Nicolás Eyo es un reconocido vecino de la ciudad de Esquel que, actualmente se desempeña como Arquitecto y también piloto biplaza; profesional certificado capacitado para volar con un pasajero, garantizando seguridad y comodidad en parapente.

Sobre esta última modalidad, es que Nicolás dialogó con La Voz de Chubut, para contar cómo ha sido su formación, las experiencias que lo han marcado y cómo se implementa la actividad que, con tanta pasión implementa a sus 51 años.

El salto desde las montañas de Esquel permite disfrutar de unas vistas panorámicas inigualables.

“Vuelo en parapente hace ya 18 años”, comienza comentando el entrevistado, recordando su formación en la modalidad en La Cumbre, Córdoba; y también como paracaidista en Lobos, Buenos Aires, hace ya 27 años.

“Para llegar a la licencia de instructor que es la que tengo ahora, se necesita al menos seis años; son varias licencias que hay que obtener para llegar a perfeccionarse y, en cada una de ellas se rinde examen teórico, práctico y te piden diversos cursos; de primeros auxilios, de incidentes en vuelo; ejercicios simulando maniobras y también haber participado en competencias. Llegar a ser un piloto biplaza tiene un montón de requisitos”

Según detalla, lo que más le apasiona de la disciplina es la modalidad speed: “tiene una vela mucho más chica que el parapente; subís caminando la montaña y bajás volando con velocidad cerca del relieve, entre las piedras y los árboles; tiene mucha adrenalina”.

Nicolás volando sobre la laguna Willmanco, junto a una de sus hijas.

“También salto en paracaídas desde que estudiaba Arquitectura en Buenos Aires. Hice el curso; vendí un auto que tenía para comprar un paracaídas y empecé la carrera de paracaidismo. Cuando vuelvo a Esquel, se complicaba saltar porque no había aviones habilitados. Ahí fue que, en el año 2007, comencé a hacer el curso de parapente en La Cumbre, Córdoba”

Nicolás, persiguiendo esta pasión, ha logrado viajar en varias ocasiones al norte de Chile y dos veces a Francia a hacer speed: “Ahora hice un curso internacional para levantar más el nivel. Es una pasión y una profesión; me lo tomo muy en serio”, asegura.

“Hago gimnasio, bicicleta, stretching y trote para tener una mejor condición física y tener un buen nivel volando. Esto es una forma de vida; planifico mis días en base al vuelo. Si veo que está lindo el día, vuelo y después tengo mis reuniones. Con el pronóstico planifico mi día”

Nicolás junto a su mujer y sus hijas; pilares fundamentales en la pasión del parapentista.

En esta línea, asegura que el acompañamiento y apoyo de su familia es muy importante: “A veces toca volar y ellas se adaptan a mis tiempos de vuelo”, cuenta, refiriéndose a su mujer y sus tres hijas. “Mi papá y mi mamá también me apoyaron siempre en todo”, agrega.

Su padre, de 85 años, también comparte la pasión por el vuelo: “Voló conmigo una vez, hizo el curso y empezó. Ahora vuela con nosotros y tiene una condición física inigualable”, afirma.

Al momento de expresarse sobre sus proyectos a futuro, Nicolás asegura que afortunadamente ha podido ir a los lugares que deseaba y cumplir objetivos que se fue proponiendo. “Estoy muy satisfecho con mi evolución”, destaca.

Vista de la ciudad de Esquel desde el parapente.

Hoy, con 51 años, Nicolás Eyo mira su recorrido con satisfacción y serenidad. Con la experiencia que dan los años, la formación constante y el respaldo de su familia, continúa viviendo el vuelo no solo como una actividad deportiva o profesional, sino como una verdadera forma de vida. Entre el cielo y la montaña, Eyo sigue persiguiendo aquello que lo moviliza desde siempre; volar con responsabilidad, pasión y el mismo entusiasmo que lo impulsó a despegar por primera vez.

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