
“Había en Madryn un señor de nombre Sixto, español, que tenía un camioncito. Casi siempre nos trasladaba a Trelew habiendo previamente realizado los trámites y conseguido el dinero. En la caja del camión Ford T se le acomodaban bancos y un toldo arriba para protección. Si teníamos que salir a las siete de la mañana, a las cuatro ya andábamos levantados haciendo bochinche por el pueblo y Don Sixto era una de las víctimas pues para que se levantara le tirábamos piedras al tejado de su casa que era de chapa. El en realidad no nos retaba, pero recuerdo que decía: “No tiréis piedras al tejao”.
Cuando todo estaba listo salíamos con ese cochecito y tardábamos cuatro horas en llegar a Trelew. Allí jugábamos con los muchachos un partido y nos retribuían la visita con un té galés. Luego partíamos y empleábamos otras cuatro horas de viaje. Es decir que para jugar una hora, invertíamos de ocho a diez horas.”

Texto de “Los ferroviarios que perdimos el tren” testimonio de Edgar Calderon
