domingo, 5 de abril de 2026
El encuentro entre Mario Firmenich, Yasser Arafat y Fernando Vaca Narvaja

Hacia fines de 1976 las Fuerzas Armadas ya habían perforado buena parte de la estructura de Montoneros. La Conducción fue autorizada a irse del país, lo mismo que algunos de sus cuadros de mayor confianza.

El primero que se amparó en la orden de “retirada estratégica” fue Firmenich. Se fue en diciembre. Perdía se iría en marzo de 1977. Lo mismo sucedería con Fernando Vaca Narvaja, otro miembro de la Conducción, que había escapado de una emboscada de oficiales de la ESMA en las calles de Avellaneda.

Montoneros también preservó a Rodolfo Galimberti, pese a las disidencias: se fue del país en forma orgánica, con una identidad que le proveyó el Servicio de Documentación. Luego, en México, fue obligado a escribir una autocrítica para reintegrarse a la Organización.

En cambio, en diciembre de 1976 había caído Carlos “Pingulis” Hobert, entonces el número 3 de la Conducción, y en mayo de 1977 caería Julio “Iván” Roqué, número 4, que había participado en el atentado contra José Rucci. Fue en un combate contra grupos de tareas de la ESMA en una casa de Haedo.

Pese a la “retirada estratégica”, y a las caídas, Montoneros se propuso continuar con el hostigamiento contra “el enemigo”.

En el citado documento del 6 de diciembre, la Columna Capital admitía que era imposible “aniquilar a las Fuerzas Armadas enemigas”, pero que debían continuar con el desarrollo de una fuerza militar propia que fuese capaz de hostigarlas, debilitar su avance, contribuir a la movilización del pueblo y alentarlo “para la guerra y la construcción de un Ejército Popular”. En esta etapa, que denominaban de “cerco y aniquilamiento”, planteaban obligar a las tropas militares al desgaste permanente y a la dispersión. Prolongar el enfrentamiento el máximo de tiempo posible para evitar un “triunfo rápido” del enemigo, mientras que Montoneros podría recomponer su poder político y militar, y realizar operaciones sorpresivas.

Montoneros confiaba en la larga duración del enfrentamiento.

Pero más que una estrategia militar, esa era solo una muestra de voluntad transcripta en los documentos, una arenga en medio del desastre. Del Ejército Montonero que había iniciado su conformación en el último trimestre de 1975 y que después del golpe militar se había propuesto encabezar la resistencia armada, solo quedaban “ajusticiamientos” aislados a empresarios y policías, cargas explosivas contra empresas del Estado y multinacionales, y un sinfín de granadas que no llegarían a estallar. Ya no hubo atentados de magnitud, como el que mató al general Cardozo o el de la Superintendencia de Seguridad Federal.

El “gran golpe” con el que imaginaban torcer el destino de la historia, como había sucedido con el secuestro y muerte del general Aramburu, no se produjo.

 

Fragmento del libro “Los 70, una historia violenta”, de Marcelo Larraquy.

 

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