domingo, 5 de abril de 2026
Esta es la casa que Piedrabuena construyó en la isla Pavón, en Santa Cruz. Con los años se hallaron sus cimientos y fue reconstruida.

Luis Piedrabuena instaló en 1859 una factoría y almacén en la isla Pavón del río Santa Cruz, con fines similares a los propuestos por Libanus Jones, pero que perduraría durante varios años más. El almacén de Piedrabuena operaba como depósito del producto de la caza de lobos marinos, pieles de foca y grasa de pingüinos, y como factoría para el trato comercial con los tehuelches. Estos acudían al establecimiento en la época invernal para cambiar sus plumas, pieles de puma y guanaco; artículos por los que recibían a cambio tabaco, azúcar, municiones y aguardiente.

Además de sus propósitos comerciales, el establecimiento de Isla Pavón fue utilizado por Piedrabuena, que ostentaba el cargo de capitán honorario de la Marina argentina, para tratar de contrarrestar la influencia chilena en la zona, procurando atraer para la Argentina la voluntad de los indígenas sureños, especialmente la de Casimiro, ya por entonces cacique de los tehuelches. En dicho marco el cacique sureño viajó en 1864 y 1866 a Buenos Aires, donde a través de sendos tratados obtuvo el grado y sueldo de teniente coronel, como cacique principal de la Patagonia. Casimiro también consiguió raciones para su tribu, convirtiéndose la isla Pavón en centro de distribución de las mismas. Por aquel entonces el Gobierno argentino planeaba instalar una colonia en la bahía de San Gregorio, sobre el Estrecho de Magallanes, la que estaría a cargo de Casimiro.

Para 1868, además del almacén de Isla Pavón, Piedrabuena tenía una docena de hombres en las salinas, poseía dos barcos con los que llevaba sal a Puerto Stanley, Islas Malvinas, de donde traía ovinos a cambio, y comerciaba toda clase de productos con Punta Arenas. El 1869 el encargado del almacén era Mr. Clarke, quien según Musters por medio de un trato honesto había conseguido ganarse la amistad de los tehuelches:

“Se había establecido una tarifa ordenada con precios equitativos, y que se observaba escrupulosamente, por lo que se regulaba el trueque de pluma de avestruz y pieles; y aunque los indios son grandes regateadores […] reconocían la equidad con la que se los trataba” (Musters 1991:90)

El establecimiento fue centro de un gran comercio, recibiendo anualmente la visita de más de mil tehuelches que acudían para negociar el producto de su caza, principalmente plumas de avestruz, pieles y mantas de guanaco, a cambio de aguardiente, bizcochos, yerba mate, y otros; pero luego de la creación de la Subdelegación Marítima de Santa Cruz en 1878 su importancia declinaría.

 

Fragmento del libro “Chupat-Camwy Patagonia”, de Marcelo Gavirati

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