
Uno de los grandes problemas que aquejaba a Comodoro Rivadavia, y por ende a la escuela era el del agua potable. Había solo dos aguateros, cada uno con sus clientes. El barril de 100l. costaba un peso en invierno y en verano se agravaba la situación pues se agitaban los manantiales.
Una situación muy grave que afectó la escuela fue la epidemia de escarlatina diftérica de 1907 …no había médico, estaba Luis D’Laquila, con permiso para hacer de tal, todos le disparábamos por los resultados del improvisado galeno, era tan terrible la epidemia citada que niño que se enfermaba, niño que a las 24 horas había que darle sepultura; de inmediato se clausuraron las clases, no recuerdo si por 15 0 20 día…,
El cuerpo docente de la escuela de 1905 a 1914 fue el siguiente: Jesusa Quiroga de Quiroga; Sadi F. Arenas; Nicolás Ortiz; Dalmiro Adaro; Justina Suárez Sosa viuda de Larrea; Sarah Coletto de Labeau; María Luisa Molina de Silva; Mercedes Lussarrela de De Girolano y Rosa Mercado de Santillán.

En 1923 el maestro Quiroga fue destituido y luego reintegrado a la escuela Nº2.
Fui destituido injustamente por el entonces presidente provisorio del Consejo Nacional de educación, vocal Jorge Boero, prescindiendo en absoluto de los dictámenes de la asesoría Letrada, de mi foja intachable de servicios y desoyendo el petitorio de diversas comisiones de vecinos que se constituyeron a tal fin. Fui reintegrado luego a mi cargo, durante la presidencia del doctor Ernesto H. Calesia, continuando al frente de la escuela Nº2 hasta 1927.
No tenemos sobre el tema, hasta el momento, más que unos párrafos de Asencio Abeijón cuyo hermano, Esteban, fuera durante 1907 y 1908 alumno de Quiroga.
Es común que, en los pueblos chicos, luego de unos años de actuación, el maestro llegue a tener en su contra un sector de población, por derivación de las rencillas familiares, y porque son pocos los padres que ven en la nota baja de sus hijos escolares, un motivo de poca contracción al estudio por parte del escolar, o un descuido por parte de los mismos padres en exigir al alumno el cumplimiento de las tareas que le dan en el colegio.
Más bien son propensos a pensar en imaginarios favoritismos hacia los alumnos que se destacan por sus propios méritos, o porque los exigen en la casa. Don Isidro no tenía problemas en este aspecto, y si alguno aparecía, era hábil para sortearlo.
Texto de “La educación en el Chubut 1810-1916” – Sergio E. Caviglia. Biblioteca Sarmiento, Puerto Madryn
