
De niño, Pedro Leitão Brito, Bubista, comenzó a soñar con verse en un Mundial en el verano de 1982. Apareció el primer televisor en la isla caboverdiana de Boa Vista, donde nació hace 56 años. El propietario cobraba entrada a su casa para ver los partidos de la Copa del Mundo disputada en España y él y sus amigos inventaban maneras de colarse sin pagar. Hasta que los localizaba y los echaba. “En esa época empecé a entender lo que quería para mi vida”, ha contado. “Quería llegar a los grandes escenarios del fútbol”. Y ha llegado: 44 años más tarde se estrena en un Mundial como seleccionador de Cabo Verde. Precisamente contra España, el país donde también llegó más alto en su carrera como futbolista.
Una de las primeras personas en conectar a aquel joven futbolista con el técnico de una de las cuatro selecciones debutantes de este torneo fue Félix Castillo, presidente del Badajoz en los noventa. “Me llevé una sorpresa cuando leí que era el entrenador”, dice. Él lo fichó en diciembre de 1995 para reforzar la plantilla de un equipo que peleaba el ascenso de Segunda a Primera.
El técnico, el inglés Colin Addison, había pedido piezas para el centro del campo, y Paco Herrera, el secretario técnico, apareció con Bubista, por el que no pagó traspaso, y al que adjudicaron un sueldo de cinco millones de pesetas, 30.000 euros. Hasta que apareció Bubista con sus rastas, habían visto pocos jugadores extranjeros por allí, apenas algunos rusos y yugoslavos. Llegó después de un salto sideral: de los 26 grados del tropical Cabo Verde, donde jugaba, al invierno extremeño. “Se integró muy bien”, recuerda Juan Antonio Rodríguez, Rodri, el capitán de aquel equipo. “El club era como una familia, con gente de la casa”.
“Era un pivote defensivo que podía jugar de central. Fino, pero muy fibroso, de algo más de 1,80. Era muy fuerte. Destacaba en la faceta defensiva e iba muy bien de cabeza”, dice Rodri. “Aunque no era demasiado buen jugador”, completa Castillo. Se encontró además con la competencia de Sala, que apenas le dejó espacio para disputar dos partidos.
Aquella temporada 95/96 fue una de las más brillantes del Badajoz. Lucharon hasta la última jornada por jugar la promoción de ascenso, pero el puesto se lo llevó por un solo gol el Extremadura, que terminó subiendo. Se esfumó aquel sueño, y también la ilusión europea de Bubista, que se sintió lejos del nivel futbolístico de España y decidió regresar a África, a jugar en Angola.
Por el camino fue internacional con Cabo Verde y cuando se retiró ejerció como asistente del seleccionador en dos épocas, hasta que asumió el cargo principal en 2020. Y Bubista, que había probado el fútbol de élite saliendo del archipiélago, se convirtió en el aglutinador de un talento disperso que hacía el camino inverso. Su selección está formada en su gran mayoría por futbolistas de raíces familiares caboverdianas, pero nacidos en lugares como Países Bajos, Francia, Portugal, Irlanda, Turquía y Chipre.
El pequeño archipiélago, de solo 600.000 habitantes, se aplicó a la búsqueda de jugadores seleccionables formados en el fútbol europeo, en contextos más exigentes que las competiciones de las islas en las que aprendió Bubista. Se clasificaron por primera vez para jugar la Copa África en 2021 y en la edición de 2023 alcanzaron los cuartos de final. Ese año, además, emprendieron el largo e incierto camino al torneo en el que están a punto de estrenarse.
El mayor sueño de los caboverdianos futboleros era también la aspiración del niño Bubista que se colaba en casa del propietario del único televisor de su isla para ver los partidos del Mundial de España, el país donde jugó como profesional años más tarde. Y contra España, precisamente, va a tocar hoy aquel sueño improbable.
Fuente: El País
