jueves, 18 de junio de 2026
Mbappé, Haaland, Kane y, sobre todo, Messi han enseñado ya las garras. Frente a ellos, la decepción ibérica: Yamal, disminuido por su lesión, y Cristiano no están por ahora a la altura

No ha habido que esperar a que se caliente el Mundial para que aparezcan las grandes estrellas. Acabada la primera jornada de la fase de grupos, los gallos han salido al corral: Kylian Mbappé, Erling Haaland, Harry Kane y, sobre todo, Lionel Messi se han puesto a pegar picotazos desde el primer partido. Y su pugna ha convertido el Mundial en un espectáculo formidable.

El mundo del fútbol cae demasiado en la tentación de hacer de este juego un asunto individual -la obsesión por el Balón de Oro como mejor ejemplo-, todavía más ahora, cuando la marca personal lo es todo. Pero es innegable que la historia de los Mundiales a veces la determinan las historias personales: de Pelé en México 70 a Maradona en México 86. O el propio Messi hace cuatro años, en Qatar.

En el Mundial de EE.UU., Canadá y México hay media docena de jugadores que aspiran a que dentro de veinte años la gente mire atrás, diga «fue el Mundial de…» y la frase acabe con su nombre. Entre ellos, los ya mencionados, que han sentado el tono del campeonato a golpe de gol.

Mbappé salió el martes al césped del estadio de Nueva York/Nueva Jersey con la necesidad de reivindicarse tras una temporada turbulenta en el Real Madrid: ha marcado muchos goles, pero acabó en blanco y con pitos de la grada, entre mucho descontento por decisiones extradeportivas (aquel viaje a Cerdeña con Ester Expósito, en plena recuperación por una lesión). Frente a Senegal, tras una primera parte gris, desacertado, desasistido, destapó su potencial en la segunda, con gol tras asistencia deliciosa de Michael Olise y otro de chutazo formidable desde la distancia.

Todavía Mbappé no había salido de la ducha y Haaland salía al terreno de juego a cuatro horas de allí, en Boston, en el partido de Noruega contra Irak. Era su debut en la Copa del Mundo e hizo lo que sabe hacer: tocó once veces la pelota en el primer tiempo y marcó dos goles. Uno por error infame del portero iraquí, pero cuenta igual. Preguntado después sobre si puede ser el mejor goleador del torneo, se limitó a decir: «Soy parte del debate».

Los calló a los dos un par de horas después un bajito que debería estar, a punto de cumplir 39 años, para partidos de viejas glorias. Messi fue el Messi de ahora -inteligente, de esfuerzo justo y colocación perfecta, con la calidad destilada- y pegó tres zarpazos para un triplete. Argentina 3, Argelia 0. De una tacada, se convertía en el máximo goleador de la historia de los Mundiales -16 goles, empatado con el alemán Miroslav Klose- y cumplía dos décadas en lo alto de esta competición: esa noche se cumplían 20 años de su primer gol en un Mundial. El de Rosario es, a la vez, el argentino más joven y más viejo en marcar en el torneo. Y avisaba de que, con él en este estado, la albiceleste puede soñar con revalidar el título.

‘El cambio de guardia, en otro Mundial’, era el mensaje de Messi a Mbappé (27 años) y Haaland (25). Al día siguiente, otro veterano también pegó un aldabonazo. Harry Kane hizo doblete en el 4-2 de Inglaterra frente a Croacia. El delantero del Bayern de Múnich es otra vez Bota de Oro en Europa tras marcar 36 goles en la Bundesliga y no se le ha olvidado cómo se hacen al cruzar el charco.

No negó que se pican unos con otros. «Por supuesto, vi a los otros chicos marcar sus goles ayer», dijo tras el partido. «Trato de no concentrarme mucho en otra gente, pero, como atleta, es natural que quieras llegar al máximo nivel y por supuesto todos ellos empezaron de una manera fenomenal».

Pero nadie se pica más en estas cosas que otra gran estrella en el final de su carrera: Cristiano Ronaldo, que salió con Portugal contra Congo con la presión de lo que había hecho Messi. La gran rivalidad del fútbol del siglo XXI no tiene lugar en el Mundial, que ya ha consagrado al argentino y donde el portugués no ha brillado. Se repitió la historia: el exmadridista, muy alejado de la elite, no aprovechó sus ocasiones y pareció un lastre para Portugal. Es un equipo que aspira a todo, plagado de jugadores excelentes, pero que decepcionó con un empate ante el equipo africano.

 

Fuente: ABC

Compartir.

Los comentarios están cerrados