
La cultura en la época de la “feliz experiencia rivadaviana” apuntaba no sólo al refinamiento de la elite gobernante, sino también a respaldar la identidad provincial en acciones culturales. De ahí el apodo la “Atenas del Plata” que se dio a Buenos Aires, sin duda exageradamente.
El ministro hacía reuniones en su casa donde se leían obras de teatro y poemas de los autores criollos, poetas neoclásicos como
Juan Cruz Varela, de versos muy elaborados y bastante monótonos. Mucho más populares eran en cambio las composiciones de los poetas gauchescos, como el mendocino Juan Gualberto Godoy y el oriental Bartolomé Hidalgo.
Se creó una sociedad dedicada a mejorar la cultura musical, de la que formaban parte, entre otros, el cónsul de Francia, Washington de Mendeville, y su esposa Mariquita Sánchez, El público iba mucho al teatro. Aplaudía las óperas modernas, Rossini y Donizetti y las ya consagradas de Wolfgang Amadeus Mozart. En materia dramática Angelina Patti era la artista más popular, junto a Trinidad Guevara, cuya agradable voz y belleza física despertaban innumerables pasiones. Éstas darían pie a nuevas denuncias del fraile Castañeda contra los amores escandalosos de la Guevara.
Otra de las iniciativas de Rivadavia fue la fundación de una Sociedad de Beneficencia, integrada por damas de las primeras familias, según el modelo utilizado en la España de los Borbones. Quería demostrar con esto que el Estado tenía un papel fundamental en materia de caridad y educación, dos actividades que en el antiguo régimen eran monopolizadas por la Iglesia. Pero cuando el ministro empezó las gestiones para crear la Sociedad, hubo frialdad entre las damas patricias convocadas para la tarea: Rivadavia era mal visto por la reforma del clero. Recurrió entonces a Mariquita Sánchez y ella logró formar la primera comisión directiva de la asociación que debía ocuparse de las escuelas de niñas, del hospital de mujeres y de la Casa Cuna. Por primera vez la mujer tenía una responsabilidad pública reconocida, si bien la acción quedaba a cargo de voluntarias. Las profesionales no existían entonces.
Rivadavia era partidario de difundir la agricultura más que de fomentar la ganadería, que sólo precisaba de grandes extensiones despobladas para el pastoreo extensivo. A efecto de intensificar los cultivos, el gobierno presentó la ley de enfiteusis que fue debatida y aprobada en la Legislatura o Junta de Representantes en 1821.
Consistía en el alquiler de las tierras públicas a particulares (dichas tierras no podían venderse pues se encontraban afectadas al pago del empréstito Baring). Pero la enfiteusis, al igual que otras iniciativas de este gobierno, fue desvirtuada por los especuladores. En vez de aprovechar a los labradores y medianos propietarios, resultó el mejor negocio para los comerciantes y grandes hacendados porteños.
Texto de: “La Argentina – Historia del país y de su gente” María Sáenz Quesada
