jueves, 16 de julio de 2026
El 10 lidera una épica remontada de la Albiceleste, que repite un 2-1 a los ingleses como hizo El Pelusa en México 86

Lionel Messi le dio más al fútbol que lo que el fútbol le dio a Messi pero el 10 argentino se encontró de repente ante una nueva misión, una casi más patriótica que deportiva: emular, 40 años después, el festejo de Diego Maradona ante Inglaterra, sus goles con las manos y los pies por los cuartos de final de México 1986, un partido jugado cuando faltaba un año para su nacimiento. Aunque su vitrina de hazañas parecía llena, Messi consiguió en Atlanta una victoria triple: al triunfo colectivo de un país por ganar el partido más sentimental, el 10 le agregó una victoria personal, la de emular a Maradona también contra Inglaterra y la de quedar a un paso de atrapar su segunda Copa del Mundo. El campeón en Qatar 2022 es finalista y se enfrentará a España.

A sus 39 años, el máximo goleador histórico del torneo se despedirá de los Mundiales, y seguramente de la Albiceleste también —es decir del fútbol grande—, este domingo ante España en Nueva Jersey por la final del Mundial 2026. Messi, que a falta de remates al arco gestó la jugada del segundo gol con un centro a Lautaro Martínez, quedó a un paso también de una de las hazañas de Pelé. No hay bicampeones de Mundiales desde el Brasil 1958-1962, aunque entonces O Rei apenas tuvo participación en el torneo jugado en Chile, y Argentina intentará conseguirlo ante España.

Ante el rival contra el que Messi aprendió a amar a Maradona, Argentina e Inglaterra comenzaron en Atlanta como si se hubieran estado esperando hace más de 20 años, dispuestos a jugar con el cuchillo entre las piernas. De hecho, el último enfrentamiento entre ambas selecciones había sido a inicios de 2005, cuando el 10 no había debutado en la selección.

En medio de un partido a mitad de camino entre la lucha libre y el fútbol, en el primer tiempo no hubo remates al arco, un desierto en el área que no había ocurrido en ningún partido de Mundiales desde que se registran este tipo de estadísticas, en 1966, pero a la vez una designación de principios de ambos equipos: aunque para los neutrales fuera un tedio, para los protagonistas no había espacio para divertimentos. Tampoco para Messi.

Pese a que encontrar espacios en el callejón oscuro de Atlanta era imposible en el primer tiempo, el 10 se tomó tan en serio que el partido se trataba de una cita con la historia que, todavía antes de que llegara la primera pausa de intervalo, intentó convertir un gol olímpico, la única especie que le falta en su carrera. Habría sido, además, el segundo en la historia de los Mundiales, tras el único que consiguió hasta ahora el colombiano Marcos Coll, en 1962. Pickford lo impidió.

Lionel Messi le dio más al fútbol que lo que el fútbol le dio a Messi pero el 10 argentino se encontró de repente ante una nueva misión, una casi más patriótica que deportiva: emular, 40 años después, el festejo de Diego Maradona ante Inglaterra, sus goles con las manos y los pies por los cuartos de final de México 1986, un partido jugado cuando faltaba un año para su nacimiento. Aunque su vitrina de hazañas parecía llena, Messi consiguió en Atlanta una victoria triple: al triunfo colectivo de un país por ganar el partido más sentimental, el 10 le agregó una victoria personal, la de emular a Maradona también contra Inglaterra y la de quedar a un paso de atrapar su segunda Copa del Mundo. El campeón en Qatar 2022 es finalista y se enfrentará a España.

A sus 39 años, el máximo goleador histórico del torneo se despedirá de los Mundiales, y seguramente de la Albiceleste también —es decir del fútbol grande—, este domingo ante España en Nueva Jersey por la final del Mundial 2026. Messi, que a falta de remates al arco gestó la jugada del segundo gol con un centro a Lautaro Martínez, quedó a un paso también de una de las hazañas de Pelé. No hay bicampeones de Mundiales desde el Brasil 1958-1962, aunque entonces O Rei apenas tuvo participación en el torneo jugado en Chile, y Argentina intentará conseguirlo ante España.

Ante el rival contra el que Messi aprendió a amar a Maradona, Argentina e Inglaterra comenzaron en Atlanta como si se hubieran estado esperando hace más de 20 años, dispuestos a jugar con el cuchillo entre las piernas. De hecho, el último enfrentamiento entre ambas selecciones había sido a inicios de 2005, cuando el 10 no había debutado en la selección.

En medio de un partido a mitad de camino entre la lucha libre y el fútbol, en el primer tiempo no hubo remates al arco, un desierto en el área que no había ocurrido en ningún partido de Mundiales desde que se registran este tipo de estadísticas, en 1966, pero a la vez una designación de principios de ambos equipos: aunque para los neutrales fuera un tedio, para los protagonistas no había espacio para divertimentos. Tampoco para Messi.

Pese a que encontrar espacios en el callejón oscuro de Atlanta era imposible en el primer tiempo, el 10 se tomó tan en serio que el partido se trataba de una cita con la historia que, todavía antes de que llegara la primera pausa de intervalo, intentó convertir un gol olímpico, la única especie que le falta en su carrera. Habría sido, además, el segundo en la historia de los Mundiales, tras el único que consiguió hasta ahora el colombiano Marcos Coll, en 1962. Pickford lo impidió.

Tan omnipresente como en las tribunas de Atlanta, con la enorme mayoría de las camisetas albicelestes con su número y su nombre —a diferencia de las inglesas, repartidas entre el presente y la nostalgia con Kane, Bellingham, Gerrard, Rice y Rooney—, Messi también fue la aduana por la que pasaron casi todos los ataques de Argentina.

Incluso en los momentos de desesperación, en medio del 1-0 para Inglaterra y cuando el 10 parecía zambullirse en una de las derrotas más dolorosas de su carrera —o la más—, Messi tuvo paciencia para armar los ataques de Argentina. Desgastó a los ingleses de a poco, como con la amonestación de Elliot Anderson, y abrió paso a un triunfo total de Argentina, con garra pero también con fútbol. Como contra Suiza, Messi no convirtió goles ante Inglaterra pero aportó como asistidor en la jugada del gol de Lautaro Martínez, interminable a sus 39 años.

Mezcla de Maradona del 86 y a punto del Pelé bicampeón del 58 y el 62, el Messi de 2026 terminó el partido entre lágrimas, gritándole a las cámaras, desatado como nunca en su carrera. Épica no le faltaba a la trayectoria del 10, pero desde este miércoles será el póster de un nuevo triunfo 2 a 1 de Argentina ante Inglaterra, así en el Azteca con Maradona como en Atlanta con Messi, en ambas con la camiseta azul.

“Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”, cantó la hinchada un 15 de julio de 2026 que continúa la saga del 22 de junio de 1986.

 

Fuente: El País

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