Correspondiendo al anhelo de seguir indagando ese pasado huidizo, cautivante, del Madryn de antaño, evocaremos a Doña María Ebene de Meisen y a ese 1908, cuando en compañía de sus mayores arribó a estas costas patagónicas.
Puerto Madryn era una aldea que comenzaba a crecer con precoz vocación de ciudad: unas humildes casuchas, en su mayoría de chapa y madera, iban dando paso a casas de ciertas pretensiones.
Su llegada a Puerto Madryn ocurrió en el año 1908 en compañía de sus padres, la travesía la realizaron en barco. Debido a que el muelle era chico y el barco no podía atracar, llegaron a la costa en unos lanchones que a su vez eran remolcados por un lanchón a motor. Ese muelle ya no existe, pero, para ubicarnos mejor, en este momento estaría frente al Club Náutico. Ese año de 1908 llegó también aquí y se quedó para siempre, un joven alto, delgado, de 18 años, venía del Libano, se llamaba Antonio Simón Albaini.
La joven María y su familia se alojaron en el “Hotel Marzullo”, que daba aloja- miento y comida. Comparándolo con los modernos hoteles de esa época, aquel era de chapa y madera, pero muy confortable, estaba ubicado en las actuales 25 de Mayo y Roque Sáenz Peña.
Eran cuatro familias que venían de Bahía Blanca conformadas así: un pintor llamado Martino; Pedro Mestre el albañil; el ladrillero José Spañolo y Ebene, que era carpintero y padre de María. Cada uno de ellos traía sus respectivas familias. Luego de habitar por unos días ese hotel, se mudaron, alquilando varias habitaciones, to- das de chapa y madera en la que moraron durante años.
Las cuatro familias venían a la deriva, “a hacer” la Patagonia. Solicitaron tierras y una vez conseguidas, comenzaron por hacer los ladrillos en la Loma Blanca. Parte de los materiales los traían de otros lugares. Por ejemplo, el hierro, la cal, la madera ya preparada como el caso de las puertas, ventanas, etcétera, que eran traídas de Europa en barcos veleros. Una vez arribados a Madryn los descargaban por medio de los lanchones y quedaban por mucho tiempo en la playa, a la intemperie, dado que aún no estaban armados los galpones del ferrocarril. Estos depósitos posteriormente armados son los que se encuentran actualmente cerca del muelle mineralero.
El primer edificio que construyeron estas familias fue la Estación del Ferrocarril, convertida en estos días en ex terminal de ómnibus. Cada uno de acuerdo a su oficio, se encargaba de hacer lo que le correspondía. Spañolo los ladrillos, Ebene la car- pintería armando puertas, ventanas y pisos, Mestre era el constructor que además supervisaba la obra y había sido contratado por los ingleses, dueños del ferrocarril, y luego Martino se encargaba de la pintura. Una vez finalizada esta obra, construyeron el correo, que después de muchos años fue suplantado por el actual edificio.
Texto de “Puerto Madryn. Vuelo hacia el recuerdo” – Hugo Antonio Albaini

