sábado, 15 de agosto de 2026

La siguiente crónica, rescatada de un anuario de 1945 del extinto diario “El Rivadavia”, resulta muy interesante por la descripción que realiza el viajero por el entorno por el que va transitando y aporta datos significativos, como la visitas de ballenas en las costas de Comodoro Rivadavia, algo hoy desconocido. En la actualidad de esos parajes y poblados que cita ya no existen o han sido modificados por la actividad petrolera, como así también por la configuración urbana de diversos barrios y del casco céntrico de Comodoro Rivadavia. Da cuanta de un mundo ya desaparecido, aunque cercano en el tiempo.

Un viaje a Colonia Sarmiento

Aprovechando el asueto de la semana santa que brinda un paro en las tareas oficinescas, decidí hacer un viaja a Colonia Sarmiento…

Con el ánimo predispuesto para el viaje, minutos antes de la partida del diesel ya me encuentro en la estación de Comodoro Rivadavia. El coche motor, cómodo y moderno, me espera en el andén. Y los empleados del ferrocarril suben la carga y los equipajes de los pasajeros. Me ubico en un asiento junto a la ventanilla desde la cual puedo contemplar a mi sabor el paisaje. El pasaje es heterogéneo y variado, circunstancia que me alegra, con el corazón adelante espero el instante de la marcha.

Por el rectángulo de la ventanilla desfilan las primeras casas, tejados, galpones y en fin esa serie de cosas correspondientes a todas las estaciones ferroviarias y que por tal motivo parecen vulgares.

Al frente y hacia la izquierda, limitando la visión, observase la mole majestuosa de “El Chenque”. Visto a la distancia parece una colosal pirámide egipcia, a la que los vientos en su acción incesante hubieron barrido la cúspide.

Un poco más adelante el panorama cambia por completo. Hacia la derecha, y hasta donde lleva la vista, se divisa la extensión del mar reflejando el azul purísimo del cielo. Ráfagas suaves ondulan la superficie y forman olas que al empenacharse de espuma tiñen de blanco y azul.

Un buque próximo a los mulles cabecea perezoso y  a lo lejos, allá junto al horizonte, algunas ballenas elevan surtidores de agua que la brisa al esparcirlas las convierten en pequeñas nubecillas.

Los primeros minutos del paisaje aparece poblado de torres de petróleo, esparcidas en el llano, en las laderas y cumbres de los cerros vecinos. En la costa y aun dentro de las aguas que cubren las restingas elévase las torres de los pozos, el paso por kilómetro 3, sede de la administración de YPF aunque fugaz demuestra al viajero el poderío de la industria petrolífera fiscal. De conjunto de instalaciones diversas que se observan descuella la Planta de Almacenaje. En el kilómetro 5 encuéntrase la estación talleres, centro de población importante por encontrarse en él los talleres del Ferrocarril del Estado, la planta de gasolina y la usina, que provee de energía eléctrica al yacimiento y que es una de las más grandes del país.

Nos internamos en la vasta región explotada por las compañías particulares: Astra, Diadema Argentina y Compañía Ferrocarrilera de Petróleo. También ahí siguen siendo las torres la nota dominante.

En el kilómetro 9, en un valle circundado de altos cerros, han anidado las naves mecánicas de la Aeroposta Argentina. Tres veces por semana, en vuelo raudo sus aviones surcan de norte a sud los cielos del país, convirtiéndose así en vínculos inapreciables de progreso y de argentinidad.

Vamos rumbo a oeste. Siempre corriendo por entre cerros llegamos hasta el kilómetro 27, estación ubicada entre los límites de la concesión otorgada a la Compañía Diadema Argentina. Es también pequeña como las anteriores pero el espectáculo que presentan las casas demuestra que hay allí preocupación por proporcional al personal viviendas dignas y confortables. En su mayoría están circundadas por jardines y arboledas. En el kilómetro 38 encuentrase Escalante, campamento petrolífero fiscal en explotación. En un vallecito próximo vence algunas quintas alfalfadas y unos álamos.

Después de varios minutos de continuo ascenso, el paisaje oprimido y estrecho se ensancha bruscamente al irrumpir el tren en Pampa del Castillo, altiplanicie inmensa y desierta con características de estepa. El panorama que nos ofrece esta llanura es triste en toda su extensión no se divisa un árbol ni una flor. Los pastos amarillentos y pobres, algunas matas achaparradas volcadas en una misma dirección nos hablan de la persistencia del viento.

Por Juan F. Cerrudo. Abril de 1945. Anuario del Rivadavia, 1944, 1945

 

Fragmente libro “Aventuras sobre rieles patagónicos”, de Alejandro Aguado

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