domingo, 13 de septiembre de 2026

“San Benito e neglo

Neglo en su coló

Pelo en su veltule,

No hay otlo mejol.”

Coplas candomberas

Tratante de esclavos en la isla de Gorea en el litoral africano.

La presencia del negro africano en la sociedad argentina se registra desde los tiempos de la Conquista española. Vinieron al principio como servidores de confianza de los grandes señores. Desde fines del siglo XVI empezaron a llegar contingentes para reemplazar a los indígenas en las tareas artesanales, rurales y domésticas. La Trata, el comercio negrero en gran escala, resultó un factor dinámico de la economía regional.

En la certera definición de Carlos Fuentes, el negro es la ter- cera raíz en la formación de las sociedades latinoamericanas. La descendencia de los africanos aportó distintas variedades del mestizaje. Las mujeres, esposas o concubinas de los blancos tuvieron hijos mulatos; los varones engendraron hijos llamados zambos en mujeres indias.

El tráfico negrero

La Trata, que dio origen a muchas de las grandes fortunas europeas de la época moderna, fue el gran motor de las economías coloniales. Los esclavos se compraban a los reyezuelos y traficantes de la costa africana que los capturaban y esclavizaban previamente en el interior del continente. Se los fue sacando de todo el litoral, del Atlántico al Índico, de Senegal a Mozambique.

Hacia 1600, la zona privilegiada de este comercio eran las provincias mandingas de Senegal, Gambia y Costa de Marfil. Los portugueses, a quienes el rey español les otorgó el “asiento” o monopolio del tráfico, tenían su enclave principal en San Pablo de Loanda, Los negros “casta de Angola” que provenían de allí sabían trabajar los metales, tejer, hacer cerámica y domesticar animales.

Una vez a bordo de los barcos negreros los padecimientos físicos y morales ya experimentados en tierra se agravaban: hacinamiento, contagios, mala alimentación, falta de agua, maltrato y suciedad afectaban a los esclavos que pasaban los días encadenados en las bodegas. A esto se sumaban los males anímicos y el terror ante lo desconocido.

Muchos enfermaban de tristeza, se dejaban morir o se suicidaban. Otros contraían el escorbuto, la viruela, la tisis. Por tales causas los cargamentos mermaban. Pero si se vendían unas 400 personas, “piezas de Indias”, en la jerga de la Trata, la ganancia era de unos 370.000 dólares a valores actuales. Las “piezas” eran los esclavos jóvenes, sanos y en perfectas condiciones para el trabajo.

Los barcos arribaban a los puertos autorizados para el tráfico negrero. En otros casos se contrabandeaban con estrategias múltiples y se sacaban directamente de la costa de Brasil. En la América Española, las ciudades obtenían licencias para introducir esclavos mediante petitorios a la Corona, justificados en la falta de mano de obra servil. La ciudad de la Trinidad (Buenos Aires) fue una de las que reclamó y obtuvo esas licencias desde 1595.

Llegados al puerto de destino, los prisioneros eran alojados en barracas, tasados luego de un prolijo examen médico y marcados a fuego con la “carimba”, sello de metal al rojo, en ceremonia dolo. rosa y humillante. Pero la mayoría de las “piezas” no se quedaba en la pequeña aldea que era Buenos Aires, sino que seguía viaje al Potosí, Lima y Chile, donde se pagaban los mejores precios

 

Texto tomado del libro “La Argentina – Historias del País y de su gente” – María Sáenz Quezada

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