miércoles, 23 de septiembre de 2026

Cada 23 de septiembre Argentina recuerda la conquista del voto femenino. La fecha remite a 1947, cuando fue promulgada la Ley 13.010, que estableció la igualdad de derechos políticos entre mujeres y hombres y permitió que las argentinas pudieran votar y también ser elegidas.

Fue una transformación histórica para nuestro país. Pero no fue el comienzo de la historia.

Cuando Argentina reconoció ese derecho, habían pasado 54 años desde que Nueva Zelanda se convirtiera en el primer país autónomo del mundo en permitir que las mujeres votaran en elecciones parlamentarias. Para entonces, mujeres de numerosos países ya habían conseguido llegar a las urnas.

Nueva Zelanda, el comienzo

El 19 de septiembre de 1893, el gobernador Lord Glasgow firmó una nueva ley electoral y Nueva Zelanda se convirtió en el primer país autónomo del mundo en reconocer a las mujeres el derecho a votar en las elecciones parlamentarias.

La conquista tampoco apareció espontáneamente. Detrás había años de organización de movimientos de mujeres y una figura que terminaría transformándose en símbolo mundial del sufragismo: Kate Sheppard.

Las sufragistas organizaron reuniones, campañas y enormes peticiones dirigidas al Parlamento. En 1891 reunieron más de 9.000 firmas; al año siguiente fueron cerca de 20.000 y en 1893 consiguieron casi 32.000 adhesiones, una cifra equivalente aproximadamente a una cuarta parte de las mujeres adultas de origen europeo del país.

La ley finalmente fue aprobada y el cambio se produjo con enorme velocidad.

Apenas diez semanas después, el 28 de noviembre de 1893, más de 90.000 mujeres neozelandesas concurrieron a las urnas en las elecciones generales.

El voto femenino había dejado de ser solamente una reivindicación para convertirse en una realidad política.

De Nueva Zelanda al resto del mundo

El ejemplo comenzó a extenderse, aunque lentamente. Australia avanzó en 1902 con el reconocimiento del sufragio femenino a nivel federal, aunque la legislación mantuvo importantes exclusiones sobre la población aborigen.

En Europa, Finlandia lo hizo en 1906, convirtiéndose además en un caso particularmente avanzado porque las mujeres obtuvieron tanto el derecho a votar como el de presentarse como candidatas.

Después llegarían Noruega en 1913 y Dinamarca en 1915.

La Primera Guerra Mundial y las transformaciones sociales y políticas que produjo aceleraron posteriormente el proceso.

En Rusia, las mujeres consiguieron el derecho al voto en 1917. En Reino Unido llegó en 1918, aunque inicialmente de manera restringida: podían votar determinadas mujeres mayores de 30 años. La igualdad electoral con los hombres recién se alcanzaría en 1928.

En Estados Unidos, la 19ª Enmienda, ratificada en 1920, prohibió negar el derecho al voto por razón de sexo. Sin embargo, durante décadas continuaron existiendo obstáculos que afectaron especialmente a mujeres afroamericanas, indígenas y otras minorías.

La conquista avanzaba, pero no de manera uniforme.

América Latina también se adelantó a Argentina

El proceso comenzó a llegar también a América Latina. Y uno de sus episodios más importantes ocurrió muy cerca de nuestro país. El 3 de julio de 1927, en Cerro Chato, Uruguay, se realizó un plebiscito local cuya reglamentación permitió participar a mayores de 18 años sin distinción de sexo.

Aquella pequeña elección quedó en la historia porque significó el primer ejercicio del voto femenino registrado oficialmente en Uruguay y considerado por las autoridades uruguayas el primero de América Latina.

La primera mujer en emitir su voto fue Rita Ribeira, una inmigrante brasileña afrodescendiente de 90 años.

Uruguay reconocería posteriormente los derechos políticos femeninos a nivel nacional y las mujeres participarían por primera vez en elecciones nacionales en 1938.

Para entonces, todavía faltaban nueve años para la Ley de Voto Femenino argentina.

Argentina también tuvo mujeres que se adelantaron a la ley

Eso no significa que en Argentina las mujeres hubieran permanecido al margen de esa lucha. Todo lo contrario. Julieta Lanteri, Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson de Dellepiane, entre otras dirigentes y militantes, habían comenzado mucho antes a reclamar derechos políticos para las mujeres. El propio Estado argentino reconoce que la Ley 13.010 fue también consecuencia de esas décadas de activismo.

Lanteri protagonizó uno de los episodios más extraordinarios.

Aprovechando las características de la legislación vigente y después de recurrir a la Justicia, consiguió incorporarse al padrón y en 1911 logró votar en Buenos Aires, décadas antes del reconocimiento general del sufragio femenino.

También hubo antecedentes provinciales.

Santa Fe reconoció determinados derechos políticos femeninos en 1921 y San Juan lo hizo en 1928, mucho antes de que existiera una legislación nacional. Es decir que cuando se llegó a 1947, Argentina tenía detrás varias décadas de luchas, reclamos y experiencias previas.

El 23 de septiembre de 1947

El gran cambio nacional finalmente llegó durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón. El Congreso sancionó el 9 de septiembre de 1947 la Ley 13.010, que fue promulgada el 23 de septiembre.

La norma estableció que las mujeres argentinas tendrían los mismos derechos políticos y obligaciones electorales que los hombres. También les reconoció el derecho a ser candidatas y ocupar cargos electivos.

Eva Perón tuvo un papel central en el impulso político de aquella conquista, que recogía además décadas de reclamos de las sufragistas argentinas. La ley fue presentada públicamente ese 23 de septiembre ante una multitud reunida en Plaza de Mayo.

Pero las mujeres todavía debieron esperar para llegar efectivamente a las urnas. Era necesario documentarlas y construir el padrón electoral femenino.

1951: las argentinas finalmente votan

La primera participación de las mujeres argentinas en una elección presidencial llegó el 11 de noviembre de 1951. Habían pasado cuatro años desde la promulgación de la Ley 13.010. Pero habían transcurrido 58 años desde aquella histórica elección de 1893 en Nueva Zelanda.

Por primera vez, millones de argentinas pudieron participar de una elección nacional y también ser elegidas para ocupar cargos políticos.

Fue una transformación trascendental en la historia democrática argentina. Pero no convirtió a Argentina en pionera mundial del sufragio femenino.

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