La pérdida de rentabilidad del langostino comienza a empujar a las empresas pesqueras de Chubut hacia una reconversión que pocos imaginaban algunos años atrás: volver a procesar merluza para mantener las plantas funcionando y sostener puestos de trabajo.
El diagnóstico fue planteado por Fernando Álvarez Castellano, presidente de Conarpesa, quien reconoció que incluso una compañía como la suya, que controla prácticamente toda la cadena productiva —desde la captura y descarga hasta el procesamiento y la exportación—, se encuentra muy cerca del límite de rentabilidad cuando comercializa langostino.
“Estamos muy cerca de no ganar dinero cuando exportamos”, reconoció el empresario al describir la situación que atraviesa actualmente la actividad.
La advertencia adquiere mayor dimensión porque Conarpesa viene de encabezar el ranking de capturas de langostino en aguas nacionales durante la temporada 2026: el buque Don Juan Álvarez alcanzó las 1.952 toneladas y cuatro embarcaciones de la compañía quedaron entre las diez de mayor captura.
Las plantas más chicas, contra las cuerdas
Álvarez Castellano explicó que la situación resulta todavía más complicada para las pequeñas y medianas empresas que no poseen barcos propios ni tienen integrada toda la cadena.
Según relató, numerosas plantas se están ofreciendo para trabajar a fasón, es decir, procesar materia prima de otras empresas a cambio de cobrar un determinado monto por kilogramo.
“Ellos no pueden ir a comprar el langostino al muelle, reprocesarlo y venderlo y tener un margen, y no tienen tampoco el pulmón económico”, explicó.
Para el titular de Conarpesa, el problema no alcanza solamente a las empresas pequeñas. Las compañías de mayor tamaño también enfrentan dificultades cuando deben financiar la compra de materia prima, afrontar salarios y esperar los tiempos necesarios hasta que la mercadería llega a los mercados internacionales.
“Los marineros hay que pagarlos y a la gente de planta hay que pagarle las quincenas. No es tan fácil. Y los barcos tardan 60 días en llegar al destino. Entonces, está muy complejo”, resumió.
El empresario ya había advertido meses atrás sobre los problemas de rentabilidad del langostino. Durante una exposición internacional realizada en Barcelona sostuvo que, por debajo de determinado precio de exportación, la actividad ingresaba en una situación crítica para las compañías argentinas.
La merluza vuelve a aparecer como alternativa
En ese escenario, algunas pesqueras comenzaron a recuperar una actividad que había quedado relegada durante los años de mayor rentabilidad del langostino: el procesamiento de merluza.
Álvarez Castellano respaldó concretamente la decisión de la empresa Fuertes Vientos de Puerto Madryn de avanzar nuevamente sobre ese producto y explicó las razones económicas.
“La merluza es una actividad que es más barata, es más barata la materia prima. Tiene un mercado, no tiene mucho margen, casi nada, pero es un mercado estable”, sostuvo.
La ecuación es diferente a la del langostino. Puede ofrecer una rentabilidad reducida, pero permite mantener actividad mientras las empresas esperan una modificación de las condiciones comerciales del principal producto pesquero de Chubut.
“Mientras que cambien las condiciones, pues hacer merluza”, sintetizó Álvarez Castellano.
Miles de personas buscando una oportunidad laboral
La reconversión también expone otra realidad: la enorme demanda de empleo existente.
Durante la entrevista se mencionó el caso de Fuertes Vientos, que habría realizado una convocatoria vinculada con su proceso de capacitación y reconversión hacia la merluza. De acuerdo con lo relatado durante la conversación, ante una búsqueda de alrededor de un centenar de personas se habrían presentado 2.690 postulantes.
La convocatoria está relacionada con una dificultad adicional que enfrenta el sector. Después de años concentrados principalmente en el langostino, Álvarez Castellano aseguró que actualmente existe poca mano de obra capacitada para procesar merluza con la velocidad que requiere una planta industrial.
“Hoy lo que hay en la provincia de Chubut es muy poca gente que sepa bien y rápido filetear merluza”, explicó.
El propio empresario reconoció que durante años las plantas fueron abandonando progresivamente esa producción porque el langostino ofrecía mejores condiciones económicas.
“Todo el mundo se fue a hacer langostino porque era mejor negocio. La gente ganaba más, la gente que iba a trabajar a la planta se le pagaba más, por ahí la planta ganaba más y se fue dejando de hacer merluza”, recordó.
Ahora la ecuación parece comenzar a invertirse.
La merluza, que durante años perdió terreno frente al auge del langostino, vuelve a aparecer como una alternativa para mantener las plantas funcionando. No porque se haya convertido en un negocio de alta rentabilidad, sino porque el margen del langostino se redujo hasta un punto en el que, según Álvarez Castellano, incluso una compañía integrada como Conarpesa tiene dificultades para obtener ganancias.
Para las empresas pequeñas y medianas, el desafío es todavía mayor: reconvertirse, buscar productos alternativos y recuperar mano de obra especializada para intentar atravesar un escenario que el propio presidente de Conarpesa definió como “muy complejo”.
Nota elaborada en base a declaraciones al programa Redacción 20 de LU20

