domingo, 11 de octubre de 2026
“Julieta Lanteri – primera mujer que logró votar en Argentina y América Latina, quinta mujer en recibirse de médica, fundadora y candidata por el Partido Feminista Nacional -, llegando a los comicios para depositar su voto, 1911.”

 

La actividad social de las mujeres de la “haute” argentina era más limitada que en el siglo anterior. La riqueza las había recluido en el aislamiento de una jaula dorada. Ninguna niña de familia conocida podía tener la veleidad de trabajar fuera del hogar o de seguir una carrera universitaria. En cambio, la juventud masculina de buen tono estudiaba, actuaba en política, se jactaba de que sus amantes y queridas fueran cantantes de ópera, actrices y tonadilleras, bailaba en los peringundines y rivalizaba con los compadres orilleros en cuestiones de coraje.

Ser empleada, oficinista o vendedora de tienda eran las nuevas actividades al alcance de las mujeres de clase media y solteras, pues no se imaginaba a una madre de familia trabajando fuera de casa. Por cierto que, si eran bonitas y jóvenes corrían el riesgo de convertirse en milonguitas, muchachas seducidas por un galán y destinadas a la mala vida. Porque la independencia femenina implicaba costos muy altos, como pudo experimentarlo Alfonsina Storni. Ella, a pesar de todo, educó en soledad a su hijo y se hizo un lugar propio en el mundo de la cultura gracias a su poesía que conmovía a vastos públicos.

Sólo unas pocas pioneras se atrevían a ingresar en la vida profesional. Cecilia Grierson, la primera médica argentina, se diplomó en 1899, se especializó en obstetricia, y figuró entre las organizadoras del Congreso Feminista Internacional de 1910. Otras ingresaron en la Facultad de Filosofía y Letras. En el Colegio Lenguas Vivas de Buenos Aires, donde se impartía enseñanza de buena calidad, se graduó Carolina Muzzilli, escritora, investigadora y luchadora social, fallecida en plena juventud. Alicia Moreau de Justo, médica y dirigente del Partido Socialista, es otra de las mujeres que hacia 1915 se empeñaban en ampliar el espectro de la actividad femenina, lo mismo que Julieta Lanteri, quien en 1918 fundó el Partido Feminista Nacional.

Esa sociedad bastante más diversificada y compleja se aprestaba a dar el gran paso positivo hacia el porvenir en los primeros comicios presidenciales a realizarse en 1916. Pero más allá de la ley 8.871 o ley Sáenz Peña, cuya aplicación demostró la capacidad de renovación del sistema, quedaban numerosas cuestiones pendientes: la persistente intolerancia y el desdén hacia el otro, la debilidad del partido conservador en el sistema democrático de elecciones limpias, la desigualdad social y las diferencias regionales entre el Litoral modernizado y el Interior tradicional.

 

 

 

Texto tomado del libro “La Argentina – Historias del Pais y de su gente” – María Saénz Quezada

 

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