
El Belgrano era un potente navío botado en 1938 en los Estados Unidos y que sirvió en las filas de la US Navy durante toda la Segunda Guerra Mundial. Con el nombre de USS Phoenix se halló presente en Pearl Harbor aquella mañana del domingo 7 de diciembre de 1941, cuando la fuerza aeronaval japonesa comandada por el legendario Mitsuo Fuchida despedazó prolijamente a los principales buques de la línea de la armada norteamericana del Pacífico. El entonces USS Phoenix sobrevivió milagrosa mente al terrible episodio, sin daños, y participó luego en numerosos combates de la guerra del Pacífico, incluyendo la gigantesca batalla aeronaval de Leyte, donde integró la fuerza comandada por el almirante Oldendorf que hundió a una parte importante de la escuadra japonesa en el estrecho de Surigao. En esa acción, el crucero formó junto a uno de sus gemelos, el USS Boise, que también sería transferido años después a la Armada Argentina y rebautizado con el nombre de ARA 9 de Julio.
Otros cruceros de esta serie fueron luego de la guerra vendidos a Brasil (Barroso y Tamandaré ambos retirados en la década del 70) y a Chile (O’Higgins y Capitán Prat), por Estados Unidos.
El General Belgrano (que hasta septiembre de 1955 llevó el nombre de 17 de Octubre), y el 9 de Julio se convirtieron a partir de 1951 en la espina dorsal de la Escuadra de Cruceros.
El 9 de Julio fue radiado de servicio en 1979. El General Belgrano, en cambio, se ría modernizado con sistemas de control del fuego de artillería y reemplazados parte de sus cañones antiaéreos por misiles Seacat. Como sus gemelos, desplazaba 10.800 toneladas standard y 13.645 toneladas a plena carga. Poseía un blindaje superior a los buques actualmente en uso, que oscilaba de 2 a 3 pulgadas en las cubiertas de 5 pulgadas en las torres de artillería y de 4 pulgadas en la cintura acorazada principal, siendo menor en otras partes del casco.
El armamento principal estaba integrado por 15 cañones de 6 pulgadas (152 mm) y 8 piezas AA de 5 pulgadas (127 mm) de considerable capacidad de fuego y alcance. Las andanadas de sus cinco torres triples principales se caracterizaban en los ejercicios por su precisión y podían tener un efecto devastador sobre un buque que cayera dentro de su radio de acción.
La defensa antiaérea estaba basada en dos emplazamientos cuádruples de misiles Seacat y piezas de 40 mm.
Con todo, se trataba de una nave ya anticuada y estaba previsto su retiro del servicio activo. En conocimiento de esta circunstancia, se había constituido en los Estados Unidos una entidad de veteranos de guerra dispuesta a adquirir el buque como museo con fines históricos, pues era uno de los pocos a flote en su tipo, y además un sobreviviente de Pearl Harbor.
Con el crucero navegaban dos destructores, también originarios de la época de la Segunda Guerra Mundial: el ARA Hipólito Bouchard y el ARA Piedra Buena. Ambas naves fueron botadas en 1944, pero su armamento había sido modernizado con lanzadores de misiles Exocet. Su artillería convencional se componía de 6 cañones de 5 pulgadas en tres torres dobles y cuatro AA de 3 pulgadas. Su equipo antisubmarino incluía tubos lanzatorpedos y Hedgehogs (erizo).
El submarino Conqueror

Construido a principios de los años 70 en los astilleros de Cammell Laird, el Conqueror es una de las naves que permite concretar en su mayor expresión el axioma de Sir John Fisher, Primer Lord Naval en 1914 y uno de los artífices de la superioridad marítima inglesa al comenzar el siglo XX: “El principio de la batalla naval es tener la libertad de ir a cualquier parte con todo lo que posee la marina”.
Este tipo de buques -verdaderos “submarinos”, pues navegan y combaten bajo el agua prácticamente sin limitaciones de tiempo, y no “sumergibles” como eran sus antepasados de la primera mitad del siglo- constituyen una fuerza silente y letal. Su empleo en una crisis implica una cuidadosa evaluación: en caso de choque su ataque es necesariamente mortal; no pueden solamente “herir” (como haría un buque de superficie con armamento liviano, por ejemplo) y su intimidación obra por la sospecha de su presencia en el área. No pueden revelar su existencia -con disparos intimidatorios, y mucho menos haciéndose ver- si- no lanzando su mortífero armamento submarino: los torpedos.
La mayoría de los detalles de estas naves no son accesibles al público, pero se han podido recoger algunos datos esenciales. E! desplazamiento de estos “Hunter Killer” -cazadores asesinos, como se los llama-, a los que pertenece el tipo de Conqueror, varía entre 4.000 y 4.900 toneladas, según naveguen en superficie o totalmente sumergidos. Están equipados con sofisticados equipos de radar y sonares que le permiten detectar a toda nave que pase dentro de su radio muy amplio y torpedearlo aun sin verla, al estilo de los tradicionales ataques “a periscopio” que conocemos a través de los films bélicos.
Su propulsión se efectúa por un reactor nuclear que les permite una enorme autonomía y su velocidad bajo el agua (según los catálogos) se aproxima a los 30 nudos. El arma principal del Conqueror consiste en seis tubos lanzatorpedos de 533 mm. Sus proyectiles son capaces, si es necesario, de portar una cabeza nuclear. En las Malvinas sólo emplearon los torpedos Trigerfish Mark 24, que pertenecen a la vasta gama de “armas inteligentes” que convierten en antiguallas a aquellas que se lanzaban décadas atrás, basadas sólo en la puntería del artillero.
El Tigerfish mide más de 6 metros de longitud y pesa alrededor de una tonelada y media, pudiendo alcanzar sus blancos a más de 30 kilómetros de distancia. Es un arma filoguiada: un cable la vincula al buque lanzador y a través de él su mecanismo es alimentado por la computadora del submarino, poseyendo también su propia computadora. Casi imposible de detectar, con gran poder explosivo, se trata de un arma mortífera contra cualquier nave convencional. Su costo es de unas 600.000 libras esterlinas.
Tal el sistema de armas que asechaba al General Belgrano en la nerviosa tarde del 2 de mayo de 1982.
Texto de “Crónica documental de Las Malvinas”
