La presencia de contaminación fecal en distintos sectores de los canales de riego del Valle Inferior del Río Chubut y las deficiencias detectadas en el tratamiento de residuos de establecimientos ganaderos plantean una preocupación sanitaria que adquiere especial relevancia ante los casos de Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) registrados en la región.
Los canales atraviesan extensas zonas rurales donde conviven establecimientos de engorde de ganado, criaderos de cerdos y explotaciones hortícolas. El manejo inadecuado de los residuos animales y de los efluentes provenientes de los corrales constituye un factor de riesgo ambiental, especialmente por la posibilidad de que esos desechos alcancen las fuentes de agua utilizadas para el riego.
Un relevamiento realizado por organismos provinciales detectó deficiencias en la gestión del estiércol y los efluentes de establecimientos de cría intensiva. Paralelamente, los análisis bacteriológicos efectuados en distintos canales del Valle identificaron presencia de Escherichia coli y enterococos fecales, indicadores de contaminación de origen fecal.
Si bien estos resultados no demuestran una relación directa con los casos de Síndrome Urémico Hemolítico, ponen de manifiesto la necesidad de profundizar los controles sobre las actividades productivas y determinar el origen de la contaminación detectada.
Un problema que involucra a los establecimientos ganaderos
Según información proporcionada por el SENASA, en el Valle Inferior del Río Chubut existen 15 establecimientos de engorde a corral de bovinos, conocidos como feedlots, otros 15 criaderos comerciales de porcinos y tres establecimientos avícolas registrados.
Entre enero de 2025 y marzo de 2026 se realizaron 43 inspecciones a establecimientos de cría intensiva, plantas de faena y frigoríficos. De ese total, 16 intervenciones correspondieron al período comprendido entre octubre de 2025 y marzo de 2026.
Los resultados de estos relevamientos, incluidos en un informe intersectorial remitido a la Legislatura provincial en mayo de este año, identificaron problemas recurrentes en el tratamiento de los residuos generados por estas actividades.
“En la mayoría de las inspecciones realizadas los hallazgos principales se relacionan con falta de adecuada gestión de residuos de estiércol, olores, presencia de abundantes insectos y manejo inadecuado de los efluentes de limpieza de los corrales”, señala el documento.
Estas deficiencias adquieren particular importancia por la proximidad de numerosas explotaciones ganaderas a canales de riego y sectores productivos del Valle. Los residuos de origen animal pueden contener microorganismos patógenos que, bajo determinadas condiciones, podrían alcanzar cursos de agua mediante escorrentías o descargas de efluentes.
Detectaron bacterias de origen fecal en los canales
Los análisis realizados en distintos puntos de la red de riego del Valle detectaron presencia de Escherichia coli y enterococos fecales, microorganismos utilizados como indicadores de contaminación fecal.
Los controles incluyeron sectores de los canales principales y secundarios de las zonas de Trelew, Gaiman y Dolavon, con muestras tomadas en diferentes momentos de la temporada de riego.
El informe ambiental señala que el contenido bacteriológico del agua presenta variaciones relacionadas con el uso del suelo y con los vertidos clandestinos de líquidos y residuos en canales y acequias.
Aunque las muestras analizadas no superaron el nivel guía de coliformes fecales establecido para el uso del agua en riego, en determinados puntos se registraron concentraciones relevantes de Escherichia coli y enterococos fecales.
La presencia de estos microorganismos no permite identificar por sí sola el origen de la contaminación, que puede provenir de distintas actividades humanas o animales. Sin embargo, constituye un indicador que justifica profundizar los estudios para establecer las fuentes de los aportes contaminantes.
El riesgo para la producción de alimentos y la salud
Uno de los aspectos que genera mayor preocupación es que los canales de riego abastecen a numerosas explotaciones hortícolas del Valle, donde se producen verduras y hortalizas destinadas al consumo de la población.
La eventual presencia de microorganismos patógenos en el agua utilizada para regar estos cultivos representa un riesgo sanitario que requiere controles específicos, particularmente cuando se trata de productos que pueden consumirse crudos.
En este contexto, el Síndrome Urémico Hemolítico constituye una preocupación especial. La enfermedad está asociada principalmente a determinadas cepas de Escherichia coli productoras de toxina Shiga y puede provocar complicaciones renales graves, especialmente en niños.
Los bovinos constituyen uno de los reservorios de estas bacterias, que pueden eliminarse a través de la materia fecal y llegar al ambiente.
No obstante, es importante distinguir entre la detección de Escherichia coli como indicador de contaminación fecal y la identificación de cepas capaces de provocar SUH. Los resultados de los análisis de los canales incluidos en el informe no demuestran la presencia de estas últimas ni establecen un vínculo directo con los casos de la enfermedad.
La necesidad de mejorar el tratamiento de los efluentes
El relevamiento también identifica dificultades vinculadas con la regulación ambiental de los establecimientos de engorde a corral.
Actualmente, según la información oficial de mayo de 2026, no existía una normativa ambiental específica para este tipo de explotaciones, por lo que las intervenciones se realizaban mediante la legislación ambiental general y, en determinados casos, a partir de denuncias, solicitudes municipales o comunicaciones sobre posibles irregularidades.
Ante esta situación, los organismos provinciales plantearon la necesidad de avanzar en un marco regulatorio específico para la cría intensiva de animales, que contemple el tratamiento de los residuos, la gestión de los efluentes y las condiciones ambientales de los establecimientos.
También se destacó la importancia de fortalecer los controles sobre las descargas clandestinas, mejorar la fiscalización de las actividades productivas y ampliar la capacidad de los laboratorios para identificar bacterias productoras de toxina Shiga.
El problema no se limita exclusivamente a los establecimientos ganaderos. Los relevamientos también mencionan vertidos de residuos domiciliarios, agrícolas, restos de faena y descargas provenientes de emprendimientos informales que pueden afectar la calidad del agua.
La combinación de estas actividades genera un escenario complejo, en el que resulta fundamental identificar las distintas fuentes de contaminación y establecer medidas preventivas.
Una problemática que requiere atención permanente
El Valle Inferior del Río Chubut concentra una importante actividad ganadera y hortícola, cuya convivencia requiere condiciones sanitarias adecuadas para proteger tanto la producción como la salud de la población.
Los resultados de las inspecciones y los análisis ambientales muestran que existen problemas concretos en el manejo de residuos animales y que determinados sectores de los canales presentan indicadores de contaminación fecal.
Aunque todavía no se ha establecido una relación directa entre estas situaciones y los casos de Síndrome Urémico Hemolítico registrados en la provincia, los antecedentes justifican profundizar las investigaciones sobre el origen de los microorganismos detectados.
La principal preocupación es evitar que los residuos y efluentes provenientes de las distintas actividades rurales terminen afectando la calidad del agua utilizada para producir alimentos o con fines recreativos.
En una región donde la producción ganadera, la horticultura y los canales de riego forman parte de una misma estructura territorial, la prevención requiere controles sostenidos, un adecuado tratamiento de los residuos y estudios que permitan determinar con precisión las fuentes de contaminación.
Se trata de una problemática ambiental y sanitaria que merece seguimiento, especialmente ante una enfermedad como el Síndrome Urémico Hemolítico, cuyas consecuencias pueden ser particularmente graves para los niños.

