miércoles, 7 de enero de 2026
Juan domingo Perón, Silvio Frondiza, Arturo Jauretche y Hernández Arregui

En 1974 mueren Perón, Arturo Jauretche, Alfredo Terzaga, Juan José Hernández Arregui; Silvio Frondizi es asesinado, lo mismo que Atilio López y decenas de figuras notorias de la política, del sindicalismo, de las Fuerzas Armadas. Una enorme confusión e inseguridad reinaba en todo el país. La Sociedad Rural de Santa Fe envía un telegrama al Congreso Nacional para que «se investigue al secretario de Agricultura Horacio Giberti y a quienes colaboran con él en el proyecto de Ley agraria». La CGT de Santa Cruz se opone a un proyecto para nacionalizar las 600.000 hectáreas de las estancias inglesas de la Corona. Sorpresivamente la Presidenta elogia a las compañías transnacionales y veta la ley que otorga la patria potestad a las mujeres. Luego rehúsa homologar los convenios que aumentan los salarios. En el Senado se incuba un proyecto destinado a someter a la señora de Perón a un juicio político que permita al senador Luder ocupar la presidencia de la República. Se afirma que tal procedimiento contaría con la aprobación de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas.

A su vez, cuando la Presidenta se propone designar al general Numa Laplane comandante en jefe del Ejército, los altos mandos se resisten a aceptar el nombramiento dispuesto por Isabel. En cambio, surge el nombre del general Videla como comandante que goza de la confianza de los generales. Al aceptar la Presidenta tal imposición bajo la inspiración astrológica de López Rega, su derrocamiento comenzaba. El mandato popular incuestionable empieza a dispersarse como el vapor fuera de la caldera.

En septiembre de 1975, el Congreso vota la Ley de Seguridad que coloca en manos de las Fuerzas Armadas la represión de las actividades terroristas que hacen furor en todo el país. Los partidos, inquietos ante la perspectiva de un golpe militar, se reúnen en el Consejo Superior del Justicialismo en la avenida Córdoba. Allí, todos los partidos, menos uno, proponen una declaración asumiendo la defensa de las instituciones, sin mencionar la defensa de la institución presidencial, que es la más importante. Ante esta última observación formulada por un asistente, el vicepresidente del justicialismo, el dirigente gremial del Seguro, Báez, contesta al interpelante: «No hay que ser más papista que el Papa».

Al rechazar la Presidenta firmar los aumentos de salarios y al evidenciarse que López Rega es una especie local y maligna de Rasputín a la criolla, se produce una espontánea movilización obrera en la Plaza de Mayo. Esto acarrea la caída de López Rega y la firma de los convenios. El astrólogo abandona precipitadamente el país. Sin embargo, la crisis interna del peronismo prosigue con un irrefrenable poder autodestructivo. El empujón decisivo lo había dado el ministro Rodrigo al aplicar su famoso plan de “estabilización” que desencadenó la crisis latente. A las consecuencias de dicho plan se llamó el “rodrigazo”. Aun con un 80% de aumento en los salarios, éstos ya quedaban retrasados con respecto al fabuloso aumento del costo de la vida. El ministerio de Rodrigo duró sólo cincuenta días. Fue sucedido por el doctor Bonnani, un lánguido ministro de Finanzas del gobierno de Perón en 1946, que no supo en realidad qué medidas adoptar. Sólo acudió a su mente la idea de pedir consejo a todos los partidos políticos. Mientras éstos preparaban sus sugerencias, Bonnani renunció. Habían transcurrido veinte días. El sucesor fue Antonio Cafiero, que también había sido ministro de Perón en su segundo gobierno y que se propuso restablecer algo de cordura en la política económica. Pero ya no había base política para hacerlo. Fue la última tentativa del peronismo para salir del atolladero económico, tanto como del político.

El ingeniero Guido Di Tella fue el secretario de Programación Económica. Di Tella describe del siguiente modo ese momento:

Se produjo un empate entre los derechistas del Ministerio del Interior y los centristas del Ministerio de Economía. En esa situación los sindicatos pujaron de una manera bastante anárquica por una mejoría de su posición relativa haciendo de este modo muy dificultoso el manejo normal de la economía Los dos paros ganaderos, los varios lock-out de los productores, la creación de una nueva organización empresaria (APEGE) con el deliberado propósito de crear un clima prerrevolucionario, todo contribuyó a la sensación del caos social.

El 5 de octubre del 1975 un grupo terrorista atacaba una unidad militar en Formosa. El 3 de noviembre otro grupo asesinaba al general Cáceres Monié y a su mujer cerca del río Paraná. El 23 de diciembre atacaban el Batallón 601 en Monte Chingolo. Naturalmente todo esto debía tener sus resultados. El brigadier Capellini se levantaba contra el gobierno en esos mismos días, con el apoyo de la Aeronáutica y la neutralidad del resto de las Fuerzas Armadas, que consideraron prematuro el levantamiento.

Perdido entre los acontecimientos cotidianos que arrancaban cada día un trozo de poder político a la investidura presidencial, apareció el ministro de Economía Mondelli a repetir, de algún modo, los principios “estabilizadores” de Rodrigo. Pero la economía argentina y los controles del gobierno habían perdido todo equilibrio. Isabel sufría intermitentes crisis de salud que la obligaban frecuentemente a delegar el mando en el doctor Luder, presidente del Senado.

Fragmento del libro “Revolución y contrarevolución en la Argentina”, de Jorge Abelardo Ramos

 

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