
El caso de Belisario Jara Ulloa, uno de los primeros pobladores de la zona de Aldea Beleiro, merece unos cuantos párrafos aparte. Nacido en Antuco en 1863, población cercana a Temuco en Chile. Su primera esposa fue Julia Catalán, más tarde al enviudar contrajo matrimonio con María Amelia Casal, inmigrante casualmente nacida en el barco que trasladaba a su familia hacia América según cuenta el escritor chileno Galindo Oyarzo. María era hija de un general francés y de madre italiana.
“El matrimonio Jara Casal tuvo seis hijos: Felisberto, René, Elba, María Elena, Leoncio y Gualberto. Desde 1907, acompañado de su peón y amigo José Tapia, hizo varios viajes de reconocimiento de los campos aledaños a la estancia que él tenía en las cabeceras del Rio Mayo (en el lado argentino de Coyhaique Alto). En uno de estos viajes ingresó por El Triana y reconoció los campos que estaban inexplotados en la zona nororiental del Valle Simpson, al sureste de los cordones del Divisadero. En 1911 convence a varios de sus trabajadores y a sus amigos para realizar una expedición a los campos explorados por él años antes. Luego de esta hazaña ocupa para si los campos del oriente de la laguna de La Senda (actual Lago Frío), instalando como puestero a José del Tránsito Ruiz. La gente lo recordaba como un hombre muy servicial y que gracias a su gran fortuna pudo ayudar a muchos chilenos que deseaban ingresar al Valle Simpson. Falleció de cáncer, el año 1939, en su estancia de Lago Frio. Sus hijos Elba y Leoncio heredaron los campos de la estancia de Alto Rio Mayo, Felisberto, René y María Elena se repartieron los bienes existentes en Chile.”
Belisario Jara era un importante ganadero y comerciante conocido en toda la región, incluyendo Comodoro Rivadavia, que era el puerto y centro comercial desde donde abastecía su negocio de Ramos Generales. Los Jara estuvieron recorriendo el territorio argentino durante unos treinta años. Siendo crianceros de origen chileno les resultaría muy poco posible conseguir permisos de ocupación y arrendamiento por las tierras que ocupaban, por lo que seguir peregrinando con familia y ganado era parte de la odisea que este segmento de la población antigua debía soportar. Sus primeras tierras las obtuvieron en la zona de Gastre en Chubut, por último, cansados de tanta trashumancia y tenencia precaria de la tierra decidirían abandonar el territorio argentino definitivamente. Para entonces estaban habitando tierras en lo que hoy se conoce como Aldea Baleiro; allí ocuparon desde 1904 a 1909 varios lotes, uno de esos campos era de 1.500 hectáreas y estaba ubicado en los lotes 21 y 22, de la Fracción C, Sección G III; otro de una extensión de 2.500 hectáreas estaba ubicado dentro del lote 25, Fracción D, Sección G III, y 5, de la Fracción A, Sección F III, poseía además esta familia, otras 2.500 hectáreas ubicadas en parte de los lotes 1 y 2, Fracción B, Sección F III. Parte de estas tierras fueron concedidas en arrendamiento desde el 31 de agosto de 1916. El Lote 5 quedaba al cuidado de dos medianeros que trabajaban para los Jara, estableciéndose recién en este lote en 1919. Uno de esos medianeros era el argentino Juan Francisco Contreras.

Belisario y José Delfín poseían estos, sus emprendimientos rurales y establecieron su casa de comercio en la Fracción C del Lote 21. En esos años se conocía al paraje como “la población de Jara”. Siendo éste el de aldea un concepto no utilizado aún en esta zona para entonces. Incluso existe bibliografía que indicaría que era un concepto resistido y que generalmente prefería utilizarse el de “pueblo” en algunos casos. Solamente algún tiempo después, cuando alrededor de una de las escuelas se fue formando un caserío, comenzó a llamarse aldea al lugar. Cuando el Estado pedía donación de tierras para edificar un establecimiento educativo, exigía que alrededor hubiera lotes disponibles para que los vecinos rurales cuyos hijos viajaban desde lejos tuvieran la posibilidad de instalarse allí y levantar una casa cerca del establecimiento educativo. Ésta es la situación que generaba únicamente una “aldea” o pueblo. Si bien esta población de Belisario Jara era importante, la misma en su tiempo consistía en una construcción de tres habitaciones de adobe; una casa de tres habitaciones edificada con paredes francesas, otra construcción de tres habitaciones destinada a hospedaje y despacho de bebidas, contaban además con dos cocinas y completaban el lugar con un galpón de palo a utilizarlo como depósito de lana, una bomba de agua y cañerías para regar una quinta de cerco de maderas. Existía también un puesto de dos habitaciones con paredes de adobe, prensa para lana, dos potreros con alambres de siete hilos y un corral. Visto desde la distancia, esta era la llamada Población de Jara.
María Clara Mariescurrena, hija de un poblador español que residió cerca de ellos, es la única persona actualmente viva que pudo darme una visión clara y correcta de este lugar. Los Jara además eran propietarios de 2.800 lanares y 20 caballos de trabajo. Al lado de estas mejoras -importantes para la época- pasaba la antigua senda que conducía hacia el actual Coyhaique en Chile. El negocio comercial fue habilitado en 1911 y según Galindo Oyarzo, y otros testimonios orales del lugar, el español Rafael Beleiro fue al comienzo de su llegada a la zona, un empleado más de Belisario Jara, hasta que logró independizarse. En definitiva y demostrando su capacidad de trabajo y años de residencia, esta familia -una de las pocas- logró trascender la adversidad que casi todo poblador chileno debía soportar, en zonas de conflictos limítrofes que les impedían radicarse legalmente. En total Jara llegó a poseer algo más de 5.600 hectáreas fiscales con permiso de arrendamiento, mensuradas por el ingeniero Florencio Pachulú, cuya familia obtuvo tierras en Santa Cruz.
En el año 1934 Belisario Jara, que ya residía en Chile, realizó los trámites finales de transferencia de sus tierras de territorio argentino a sus hijos Leoncio, Elba, René, Lilia, María Elena y Feliberto Jara junto a unos 8.000 animales que les había dejado. Dicha transferencia fue realizada en la localidad de Comodoro Rivadavia, ante la presencia del Escribano Raúl Héctor Sarrias. Esto prueba una vez más, la importancia de esta ciudad costera para las poblaciones cordilleranas del Oeste patagónico
Belisario Jara falleció de cáncer en mayo del año 1939 en su estancia de Lago Frío, cerca de Coyhaique.
Una parte de lo que fuera la población original de Belisario Jara todavía se encuentra en pie, muy cercana a una laguna que está antes de llegar a la aldea por el Este, hoy se encuentra emplazada dentro del límite del campo propiedad de Marcelo y Pablo Pérez del Barrio, cuesta creer cómo se mantiene en pie esta vieja construcción de pared francesa, esto habla de la calidad de este tipo de construcción para soportar los embates del tiempo. Allí funcionó la primera escuela y a pesar de que los propietarios actuales desarmaron los corrales, esta parte del campo es sin lugar a dudas, un importante sitio histórico local que debería cuidarse.
Fragmento del libro “Aldea Beleiro, historia de un pequeño pueblo de frontera”, de Ernesto Maggiori
