
El empresario de Puerto Madryn y guía ballenero Carlos Bottazzi expresó su preocupación por la proliferación de gaviotas en las costas de Chubut y vinculó el fenómeno con la disposición inadecuada de residuos domiciliarios, desperdicios gastronómicos y desechos de la actividad pesquera. Según explicó, la intervención humana habría alterado el ciclo natural de alimentación de estas aves, favoreciendo su supervivencia y reproducción.
Bottazzi señaló que las gaviotas son animales omnívoros, capaces de alimentarse de una gran variedad de residuos. En condiciones naturales, los ejemplares juveniles deben desarrollar habilidades para conseguir alimento, pero la disponibilidad de basura a cielo abierto les permite sobrevivir sin atravesar ese proceso de la misma manera.
“Las gaviotas cuando son pequeñas, en vez de aprender a pescar, aprenden a comer basura. Entonces, ese juvenil que, por ciclo natural, no llegaría a adulto porque no sabe atrapar peces, ahora llega a adulto porque come basura y pone huevos. Entonces, la población de gaviotas empieza a crecer”, explicó.
En ese sentido, apuntó especialmente a los residuos domiciliarios, de restaurantes y los desperdicios de la industria pesquera, como cabezas de pescado, restos de langostinos y otros residuos orgánicos que quedan disponibles para las aves.
El empresario sostuvo que el problema adquiere una dimensión particularmente preocupante cuando se observa el comportamiento de las gaviotas que atacan a las ballenas francas australes. “Yo veo todos los santos días sobre la ballena de tres a cinco gaviotas picando”, afirmó, y explicó que, aunque solamente una proporción de estas aves haya desarrollado ese comportamiento, el crecimiento de la población incrementa la cantidad potencial de ejemplares que atacan a los cetáceos.

Bottazzi también advirtió sobre las lesiones que producen los ataques reiterados. Según describió, las gaviotas suelen picar sobre heridas existentes, profundizándolas y dificultando su cicatrización. “Cuando las mismas gaviotas pican siempre en el mismo lugar, le producen una herida ulcerosa que no le cierra a la ballena”, sostuvo.
Además, planteó su preocupación por la posibilidad de que las heridas faciliten el ingreso de agentes patógenos al organismo de los animales. En particular, mencionó la erisipela y la eventual participación de las gaviotas como vectores de infección, una hipótesis que requiere respaldo de investigaciones científicas para establecer su alcance.
El empresario describió situaciones extremas en las que las aves llegan a introducir gran parte de la cabeza dentro de las lesiones para alimentarse del tejido de las ballenas.
Finalmente, aclaró que sus observaciones no pretenden reemplazar el trabajo de los especialistas, sino llamar la atención sobre un problema que considera cada vez más preocupante.
“Yo no soy investigador, yo soy alguien que observa, soy un vecino de Madryn que está preocupado”, concluyó.
