El deterioro de la economía cotidiana empieza a reflejarse con claridad en un dato contundente: en Argentina, el 91% de los hogares tiene algún tipo de deuda, un nivel récord que expone la fragilidad creciente de las finanzas familiares. Ese escenario también se replica en Chubut, donde los indicadores muestran señales aún más preocupantes.
Así lo advirtió César Herrera, del Observatorio de Economía de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, quien sostuvo que el endeudamiento dejó de ser una situación excepcional para convertirse en una condición generalizada. “Cuando uno mira su propia situación, descubre que está más endeudado de lo que cree”, explicó.
En ese contexto, el economista remarcó que muchas familias no dimensionan el alcance real de sus compromisos financieros. “Comprás un electrodoméstico en cuotas, usás la tarjeta, y vas acumulando un nivel de endeudamiento que después lo podés medir en sueldos”, señaló.
La situación se vuelve más crítica al observar la capacidad de pago. Herrera indicó que Chubut se ubica entre las provincias con mayor nivel de morosidad del país, con tasas que superan el 10% en créditos de consumo. “Tenemos una morosidad alta, estamos entre los primeros lugares a nivel nacional en irregularidad de cartera”, afirmó.
El fenómeno, agregó, comenzó a profundizarse desde inicios de 2025, en un contexto de tasas elevadas. “Eso hoy está haciendo eclosión tanto en las familias como en el comercio”, advirtió.
Uno de los cambios centrales del escenario económico es el impacto de la desaceleración inflacionaria. Durante años, la inflación funcionó como un mecanismo que licuaba el peso de las cuotas. Sin embargo, esa lógica se modificó.
“Antes uno decía ‘puedo pagar la cuota porque la inflación me la va a licuar’. Hoy eso no pasa. La cuota no se licúa y cada vez pesa más”, explicó Herrera. Y agregó: “Terminás pagando el mínimo de la tarjeta, consumiendo menos y entrando en un círculo cada vez más complicado”.
El trasfondo de esta situación es la pérdida del poder adquisitivo. Según el economista, los salarios retrocedieron a niveles comparables con los de la crisis de 2002-2003. “La pérdida de poder adquisitivo es muy fuerte”, subrayó.
A la par, crecieron otros gastos que presionan sobre los ingresos. “Hoy los servicios y los alquileres ocupan una parte mucho más importante del ingreso, y eso deja menos margen para todo lo demás”, indicó.
En ese escenario, una porción creciente del salario se destina a cubrir deudas. “Un porcentaje amplio del ingreso ya está comprometido en pagar obligaciones”, afirmó.
Herrera también trazó un paralelo con la situación del Estado provincial. “La provincia está haciendo algo parecido a lo que hace una familia: se endeuda en el corto plazo para poder pagar gastos corrientes”, explicó, en referencia al uso de adelantos de coparticipación para afrontar salarios.
La masificación del endeudamiento marca un punto de inflexión. “Cuando esto se generaliza, deja de ser un problema del deudor y pasa a ser un problema del sistema”, sostuvo.
En ese marco, comienzan a surgir algunas respuestas, como programas de refinanciación o propuestas de asistencia. Sin embargo, Herrera fue claro: “Son paliativos. El problema de fondo es la pérdida del poder adquisitivo”.
Entre las alternativas en discusión, mencionó también iniciativas para dinamizar economías locales mediante sistemas de intercambio. “Cuando no hay plata en la calle, hay que buscar mecanismos para revalorizar el trabajo y sostener el consumo”, explicó.
El diagnóstico es contundente: endeudamiento masivo, caída del salario real y menor actividad económica configuran un escenario complejo.
“Es un problema multidimensional y las soluciones también tienen que serlo”, concluyó Herrera.
Nota elaborada en base a declaraciones a LU20

