Las chicas no tienen problemas para estar al día con los pasos de baile, siempre hay una tía dispuesta y la que aprende primero se encarga de enseñarle a las otras, además sólo hay que seguir el paso que indican los varones, ellos sí tienen que bailar bien para evitar papelones. ¡Dónde se ha visto que un varón te pise los pies o pierda el paso!
“Uno aprendía aquí y allá, a mí me enseñó mi cuñada, pasodoble, tango, ranchera, con eso ya se podía participar, me largué en un carnaval de la ‘española’, también había bailes en la barraca de Lahusen, en el Luso hacían unos bailes bárbaros, pero los de la ‘española’ eran de más categoría… nosotros íbamos a los dos”.
Aunque los muchachos encuentran el modo de aprender en la familia. Otros… de más edad y sin familia aprovechan la ocasión que brinda Leónidas Martínez, desde setiembre de 1930, en su Academia de Bailes de la calle 25 de Mayo 988, que funcionará los lunes, miércoles y viernes, de 21 a 23. “Desde ya, la concurrencia será puramente masculina, observará la moral más estricta garantizando además el orden y la corrección”.
Fragmento del libro “Crónicas del centenario”

