viernes, 9 de enero de 2026

Más allá de los deseos de prosperidad, en estos años, Y.P.F. corre dudosa suerte, tal como su solar depuesto director, Enrique Mosconi, quien para Carl Solberg “fue una de las víctimas más prominentes de esta ‘década infame’”. El general Enrique Uriburu -presidente de facto en aquellos años- veía en el ideólogo y ejecutor de la nacionalización del petróleo un foco potencial de oposición a su dictadura. El 30 de septiembre de 1930, Mosconi cesa en su cargo, por rechazar el pedido de colaboración del nuevo régimen.

Mosconi fue exiliado en Europa y retornó durante la administración de Agustín P. Justo al país, donde fue nombrado con el poco feliz cargo de director de la Academia de Tiro y Esgrima del Ejército. Sufrió un severo ataque de parálisis, que lo postró durante siete meses y, tras un intenso programa de rehabilitación, se pudo desplazar en silla de ruedas.

Su debilitado estado de salud no le impidió escribir dos libros para dar a conocer su ideología del nacionalismo petrolero en el país y en América Latina: “El petróleo argentino 1922-1930” y “Dichos y Hechos. 1904-1938”.

Mientras tanto, en Comodoro Rivadavia la petrolera estatal “se veía afectada tanto por la desorganización administrativa como por la estrechez financiera”. La producción de la empresa sólo creció el 9 por ciento, entre 1930 y 1932, cifra mínima en comparación con las alcanzadas durante la administración de Mosconi.

 

Fragmento del libro “Crónicas del centenario”

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