
La gente que reside en el barrio se apresta a pasar una tranquila tarde de sábado. Los varones, chicos y grandes, preparan sus equipos de pesca. Las nenas planifican el encuentro con las amiguitas mientras la mamá apura a toda la familia para terminar el almuerzo porque ella también tiene planes para este sábado, 3 de mayo de 1980.
Juan Rodiño sale con su camión para continuar el trabajo que, junto a otros, hace a unos cientos de metros del barrio. Caleta Córdova está lista para continuar con su tranquilidad a la orilla del mar.
Desde la costa se observa el perfil del buque petrolero Plaza Huincul.
Los empleados de la playa de tanques donde se almacena el petróleo crudo que llega por las cañerías desde Manantiales Behr, están justo en el momento del refrigerio. El día está tranquilo… demasiado tranquilo. Nadie sospecha lo que se viene, nadie advierte nada.
La vida de barrio en Caleta Córdova es normal hasta que, justo a las 13.45, una explosión sacude paredes y hace temblar el piso. Acaba de explotar uno de los seis tanques de petróleo crudo. Los bomberos de Y.P.F., los bomberos voluntarios del cuartel central, Policía, Ejército, bomberos de las empresas petroleras privadas, Prefectura, todos los que responden la alerta de emergencia demoran en llegar el tiempo que les toma el traslado hasta el más lejano de los barrios de la ciudad.
Desde lejos se observa la columna de humo y llamas que se eleva unos cien metros arriba.
El tanque que acaba de explotar contiene ocho millones de litros de petróleo. A pocos metros están los otros, unos metros más… las casas de los vecinos. La amenaza aumenta a cada instante, los bomberos sólo pueden enfriar las paredes del tanque y mantener el terraplén para contener el petróleo que, de un momento a otro, correrá libre sin paredes que lo contengan.
Tres horas después, petróleo y fuego, avanzan hasta el borde del terraplén. La tarde avanza como el riesgo… se decide abrir un canal para encauzar el crudo encendido hasta una laguna próxima al desastre. El torrente de llamas avanza tan rápido que los bomberos apenas tienen tiempo de correr, igualmente sufren quemaduras leves y principio de asfixia.
Extraído del libro “Crónicas del Centenario”
