La institución nació hace cuatro décadas con el objetivo de promover el esquí alpino entre niños y jóvenes y hoy es uno de los principales referentes de los deportes de invierno en la cordillera. A lo largo de su historia formó generaciones de deportistas y consolidó una comunidad unida por la pasión por la montaña y la nieve.
Hace cuatro décadas, un grupo de apasionados por los deportes de invierno decidió crear un espacio donde niños, jóvenes y familias pudieran aprender, crecer y disfrutar de la montaña. Aquella iniciativa, nacida en 1986, se transformó con el paso de los años en una de las instituciones deportivas más representativas de Esquel. Hoy, el Slalom Club celebra sus 40 años de vida, consolidado como un referente en la enseñanza del esquí y el snowboard, y como un verdadero punto de encuentro para cientos de familias de la ciudad y la región.
Más allá de los logros deportivos, la historia del club está profundamente ligada al desarrollo del Centro de Actividades de Montaña La Hoya y a la cultura de la nieve que caracteriza a Esquel, una ciudad que hizo del deporte invernal parte de su identidad.
El Slalom Club surgió con el propósito de fomentar la práctica del esquí alpino entre niños y jóvenes, promoviendo un aprendizaje basado tanto en la técnica deportiva como en los valores de la convivencia, el respeto y el cuidado del entorno natural.

Desde sus primeros años, la institución reunió a familias vinculadas a la montaña que buscaban crear una escuela deportiva donde las nuevas generaciones pudieran acceder al esquí de manera organizada y con instructores capacitados.
Con el paso del tiempo, la propuesta fue creciendo hasta incorporar también el snowboard y otras actividades de montaña, ampliando su alcance sin perder el espíritu familiar que caracterizó al club desde sus comienzos.
Si hay un aspecto que distingue al Slalom Club es su escuela deportiva. Miles de niños y adolescentes pasaron por sus programas de formación, muchos de ellos dando allí sus primeros giros sobre la nieve y otros llegando posteriormente a competir en distintos niveles.

Actualmente, la institución desarrolla programas para niños, jóvenes y adultos, con instructores certificados, grupos organizados por edades y niveles técnicos y un esquema de enseñanza que combina práctica, formación teórica y educación en seguridad en montaña. La escuela busca formar no solo esquiadores y snowboardistas, sino también personas comprometidas con el ambiente y la convivencia en el ámbito de la montaña.
Uno de los espacios más emblemáticos del club es su refugio, ubicado en la base del Centro de Actividades de Montaña La Hoya.
El lugar funciona como punto de encuentro para socios, alumnos y familias durante toda la temporada invernal. Allí los chicos se preparan antes de salir a las pistas, almuerzan entre las jornadas de entrenamiento y comparten actividades recreativas, mientras padres e instructores acompañan el crecimiento deportivo de los más jóvenes.

Además, el club cuenta con su sede administrativa en Pellegrini 820, esquina Avenida Alvear, desde donde coordina las inscripciones, actividades y el funcionamiento institucional durante todo el año.
Con el correr de los años, el Slalom Club amplió su mirada. Además de las actividades sobre nieve, la institución comenzó a impulsar propuestas vinculadas al senderismo, la vida al aire libre, el cuidado ambiental y la educación en la naturaleza, buscando que sus socios mantengan el vínculo con la montaña durante las cuatro estaciones del año.
Esta visión permitió consolidar un fuerte sentido de pertenencia entre las familias que integran el club, convirtiéndolo en un espacio de formación deportiva y también comunitaria.

Hablar del Slalom Club es hablar también de la evolución del esquí en Esquel. Su historia acompaña el crecimiento de La Hoya como uno de los centros de esquí más importantes del país y refleja el compromiso de generaciones de dirigentes, instructores, socios y familias que hicieron posible sostener el proyecto durante cuatro décadas.
En estos 40 años, cientos de niños encontraron allí su primer contacto con la nieve, muchos jóvenes descubrieron una pasión que marcó sus vidas y numerosas familias hicieron del club un segundo hogar durante cada invierno.
El Slalom Club continúa siendo una de las instituciones que mejor representa ese espíritu: un espacio donde cada invierno comienza una nueva historia para quienes descubren que, más allá de aprender a esquiar, la montaña también enseña valores, amistad y pertenencia.

