Tras egresarse en plena pandemia, el esquelense Gregorio Frondizi decidió dedicar su vida a la montaña. Hoy trabaja en expediciones de alta altura, recorrió distintos puntos del país y logró destacarse en el Aconcagua con récords de velocidad y desafíos extremos que lo proyectan al montañismo internacional.
Lo que comenzó como una pasión por la nieve y la montaña en la cordillera chubutense terminó convirtiéndose en un estilo de vida. Gregorio “Grego” Frondizi, joven oriundo de Esquel, logró en pocos años transformarse en uno de los montañistas argentinos con mayor proyección en el ámbito del andinismo de velocidad y la alta montaña.
Su historia tomó impulso en plena pandemia, cuando terminó sus estudios secundarios en Esquel y comenzó a recorrer distintos puntos del país persiguiendo un objetivo claro; vivir en la montaña y formarse profesionalmente en ese ambiente. Desde entonces, emprendió viajes, entrenamientos y expediciones que lo llevaron a instalarse en Mendoza, trabajar en el Aconcagua y proyectar desafíos internacionales cada vez más ambiciosos.

Actualmente, Frondizi se desempeña como guía de montaña y también como porteador en expediciones de alta montaña. Su trabajo consiste en acompañar grupos, asistir a escaladores y transportar equipamiento hacia los campamentos de altura del Aconcagua, la montaña más alta de América con 6.962 metros sobre el nivel del mar. Esa experiencia diaria en condiciones extremas terminó convirtiéndose también en su principal entrenamiento físico y mental.
“Somos las personas que subimos equipo personal y de las expediciones a los campamentos de altura”, explicó el propio Gregorio, agregando que muchas veces duerme en carpas durante semanas y trabaja cargando grandes pesos en condiciones climáticas complejas.
Su vínculo con la montaña viene desde la infancia. Criado en Esquel, una ciudad atravesada por la cultura del esquí, el trekking y los deportes de invierno, Gregorio encontró desde muy joven una conexión especial con los paisajes de la cordillera. La nieve, el frío y las travesías de montaña formaron parte de su vida cotidiana mucho antes de llegar al Aconcagua.

Con el paso del tiempo comenzó a perfeccionarse técnicamente. Se radicó en Mendoza para estudiar y formarse como guía profesional de montaña, mientras simultáneamente trabajaba en expediciones de altura. Allí empezó a especializarse en ascensos rápidos y rutas técnicas de gran dificultad.
El nombre de Gregorio Frondizi tomó notoriedad nacional e internacional luego de lograr un récord de velocidad en el Aconcagua por la exigente ruta “Directa de los Polacos”, una de las variantes más técnicas y peligrosas de la montaña. El joven esquelense alcanzó la cumbre en apenas 8 horas y 39 minutos y completó todo el recorrido de ida y vuelta en 11 horas y 45 minutos.
La hazaña fue especialmente destacada dentro del ambiente del montañismo porque la mayoría de las expediciones realizan ese trayecto en varios días, utilizando campamentos intermedios para aclimatarse. Frondizi, en cambio, realizó el ascenso prácticamente sin pausas y en solitario, enfrentando hielo, nieve y pendientes extremadamente exigentes a casi siete mil metros de altura.

Según relató, el desafío no sólo requiere preparación física sino también fortaleza mental. “Busco la superación, me da un momento de estar conectado cien por ciento conmigo mismo”, expresó al describir qué siente durante este tipo de ascensos extremos.
Su filosofía de vida está atravesada por la autosuperación y la conexión con la naturaleza. Gregorio entrena principalmente en la montaña y asegura que el trabajo cotidiano en altura terminó moldeando tanto su cuerpo como su carácter. “La montaña misma me entrena”, contó en una entrevista especializada sobre andinismo.
Además de sus actividades en Argentina, el joven montañista comenzó a proyectar expediciones internacionales. Entre sus próximos objetivos aparecen ascensos en Perú y montañas de más de ocho mil metros sin utilización de oxígeno suplementario, uno de los mayores desafíos del alpinismo mundial.

A pesar de vivir gran parte del año lejos de Esquel, Gregorio mantiene un fuerte vínculo con la Patagonia y suele destacar cómo el entorno natural de la cordillera influyó en su formación. La experiencia de crecer entre montañas y nieve le permitió adaptarse con naturalidad a escenarios extremos donde otros deportistas necesitan largos períodos de adaptación.
Hoy, con apenas poco más de veinte años, Gregorio Frondizi representa una nueva generación de montañistas patagónicos que buscan llevar sus límites físicos y mentales cada vez más lejos. Su historia combina aventura, sacrificio, viajes y pasión por la montaña, en una vida marcada por el deseo permanente de seguir subiendo.

