Desde Trevelin, el ingeniero en alimentos Emiliano Pérez Caravello impulsa Arroyo Blanco, un vermut artesanal elaborado con vinos de calidad de exportación, frutas reales del valle y sin las prácticas habituales de la industria como la dilución con agua, el uso de azúcar refinada o colorante caramelo.
Arroyo Blanco es un emprendimiento de vermut artesanal nacido en el Valle de Trevelin, con una propuesta muy marcada; trasladar el paisaje y los sabores de la cordillera a una bebida. Se elabora con frutas locales como cerezas, manzanas y boysenberries, junto con botánicos silvestres de la zona andina, lo que le da un perfil muy distintivo dentro del mercado
Emiliano Pérez Caravello, es quien impulsa la propuesta. Es ingeniero en alimentos y nació en la localidad de Coronel Rosales (PBA); hoy está radicado en Trevelin, Chubut, donde desarrolla el proyecto.
En diálogo con La Voz de Chubut, Emiliano detalló que tiene formación de posgrado en agronegocios e ingeniería comercial: “también estoy finalizando una maestría en desarrollo territorial. Además, soy docente en materias vinculadas a gestión de la calidad, inocuidad alimentaria, formulación de proyectos industriales, control estadístico de la calidad y gestión de la calidad total”.

“El proyecto nace en 2024, en Trevelin, con una idea muy concreta; hacer un vermut sin atajos”, detalla, agregando que “hay un punto de partida claro, que fue un regalo de vino Malbec de un amigo, José Pérez, de Bodega La Balsa, en Valle Azul, un paraje rural de Villa Regina en la provincia de Río Negro. Ese vino fue lo que literalmente empezó a empujar la idea”.
“El nombre Arroyo Blanco viene de un lugar muy
significativo para mí: el rincón del río donde mi hija
jugaba de niña. Esa pureza y esa conexión con el
agua del valle es lo que busco envasar”
“Desde el inicio tuve claro que no quería hacer un producto más”, destaca el entrevistado, dejando en claro que “no usamos agua en el proceso, tampoco colorante caramelo ni azúcar refinada”.
“La base son vinos de calidad de exportación,
más frutas y botánicos reales del valle.
La idea es construir una identidad propia,
sin intentar parecernos a otros”
El vermut se realiza en pequeños lotes, usando vino Torrontés o Malbec, mosto (jugo) de uva como único endulzante natural y entre 19 y 27 botánicos. También se trabaja con frutas del valle como manzana, cereza y boysenberry, que aportan color, aroma y estructura de manera natural.

El proceso lleva varias semanas, con maceraciones y ajustes hasta lograr el equilibrio. Al no estar diluido con agua, el vermut es más concentrado que los convencionales. Por eso se toma distinto; recomiendan un 30% de vermut y 70% de soda o tónica (esto es un 30/70 en lugar del 70/30 habitual). Así el trago final queda con menos de 5% de alcohol, pero con mucho sabor. A parte de que una botella puede rendir casi 3 veces lo que rinden las demás.
“Además, al no usar colorante caramelo ni azúcar refinada, evitamos ese perfil dulzón tipo ‘chupetín de cola’ bastante común en el mercado, logrando un perfil más limpio y equilibrado”
El producto cuenta con el sello de distinción Origen Chubut, que reconoce la inocuidad, la calidad, la autenticidad, la sustentabilidad y el vínculo con el territorio. Hoy se comercializa en vinotecas, bares y también de forma directa.
Al elaborar tres variedades (Rojo Blanco y Rosso), el vermut tiene una versatilidad amplia en gastronomía. Puede acompañar desde carnes de caza hasta propuestas vegetarianas, ya que los productos son 100% vegetal. Funciona tanto como aperitivo como en el acompañamiento de platos, adaptándose bien a distintas estaciones y estilos de cocina.
“Por ahora no tenemos un espacio abierto al público de manera permanente. Trabajamos con venta directa y puntos seleccionados”

Se trata de un proyecto independiente, que Emiliano lleva adelante de forma directa, pero con un muy fuerte apoyo familiar y colaboraciones puntuales según la etapa. Según cuenta, la respuesta del público viene siendo muy buena: “Lo que más aparece es la sorpresa; la gente nota rápido que es un producto distinto. Después viene la recompra, que para mí es lo más importante”.
“La idea es crecer en presencia y distribución, pero sin perder la escala siempre relativamente pequeña. Me interesa que siga siendo un producto cuidado, con control real del proceso y con una identidad muy clara vinculada a Trevelin”
Además, el propietario adelanta que se está trabajando en nuevas líneas; una variedad más seca y un nuevo Rosso pensado para el otoño y el invierno, ampliando la propuesta sin perder el eje del proyecto.
Por último, entrega el siguiente mensaje; “no buscamos parecernos a nadie. Queremos que cuando alguien pruebe Arroyo Blanco, entienda de dónde viene”.

