
Según el comandante Guevara, la revolución la debían iniciar cincuenta jóvenes, que tenían que ir a las sierras de Córdoba y estar allí seis meses sin que nadie los descubriera, “aprender a alimentarse, aprender cómo debían armarse”. A los seis meses “ya bajan y toman un pueblito, y entonces, mientras cuatro compañeros van y asaltan la comisaría y se llevan las armas, el resto va a la plaza y habla uno de ellos y habla sobre lo que tiene que ser una revolución latinoamericana”. Una vez realizado el acto, los revolucionarios debían subir a las sierras. “Es el momento en que los diarios burgueses van a dar su título principal” anunciando “guerrilleros en Córdoba”. Según el Che, “la juventud revolucionaria argentina y de todos los lugares empieza a marchar hacia Córdoba. Entonces ya son 70, son 100, son 150 jóvenes. Y van llegando más’. Cuando son 200 “ya bajan y toman un pueblo mayor”, se adhieren otros jóvenes revolucionarios… entonces son 500, 600, 700, “y vuelven a su escondite, y así hasta que logran una ciudad más importante y logran mucho armamento, armas para todos, son 2.000, y ya bajan definitivamente. Es el momento en que la clase trabajadora hace un paro general en todo el país. Paraliza todo y los compañeros guerrilleros toman los ómnibus, toman los camiones y se embarcan rumbo a Buenos Aires.
Guevara prosigue: “En todo el transcurso del viaje, de las sierras cordobesas hasta Buenos Aires, sale la gente de las ciudades a aclamarlos porque las radios están hablando de eso. Llegan a la ciudad y se dirigen a la Plaza de Mayo, toman la Casa de Gobierno y se hace la revolución”. Bayer relató que, una vez que explicó la metodología de la revolución, miró a los cinco jóvenes como buscando una pregunta. Bayer le explicó lo elemental: la Cuba de Batista no tiene nada que ver con la Argentina. “En la Argentina está el Ejército muy bien organizado, y los policías y la Gendarmería. Fíjese que cuando usted dice [que] en los diarios burgueses, al día siguiente que bajan por primera vez los guerrilleros, se titula con ‘guerrilleros en Córdoba’ inmediatamente va a empezar la represión”.
Como poniéndole un moño a su relato, Bayer cuenta que “el Che me miró con una infinita tristeza, tardó dos minutos en silencio, y contestó solamente con tres palabras: ‘Son todos mercenarios…’ y los demás miembros de la delegación argentina me miraron diciendo: ‘Claro son todos mercenarios'”.
Los jóvenes que esa noche participaron del cónclave no sospechaban que Guevara les expuso algunas de las ideas centrales de su manual La guerra de guerrillas, que estaba elaborando y que saldría ese año. En especial cuando considera los aportes de la revolución castrista a ese tipo de táctica: “1° Las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejército. 2° No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas. 3° En la América subdesarrollada el terreno de la lucha armada debe ser fundamentalmente el campo”
En esa ensoñación de madrugada, el Che Guevara se olvidó de tener en cuenta que la dictadura de Batista no era lo mismo que el gobierno democrático de Arturo Frondizi. Que los militares argentinos tampoco eran “mercenarios” como aquellos que él había enfrentado-comprado en Santa Clara. Por otra parte, cuando hablaba de la clase obrera, se olvidaba de la raíz justicialista de ésta, tan adversaria del comunismo.
El relato de Bayer no es una simple anécdota. Es un anticipo de lo que vendría en otros países gracias a la “solidaridad revolucionaria cubana” y un engaño (uno más) para las naciones latinoamericanas, que no sospechaban lo que se tramaba en La Habana. No reparó en que su metodología, con todo lo errada que resultaba, sería cumplida casi al pie de la letra en la década siguiente, aunque fracasó. Las multitudes no siguieron a los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) después de la ocupación de Carin en julio de 1970. Y tampoco el pueblo tucumano se plegó a los miembros de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del PRT-ERP entre 1972 y 1976. Y Montoneros tuvo su momento de esplendor hasta la llegada definitiva de Perón a la Argentina: Sin embargo, muchos argentinos fueron asesinados por estas y otras organizaciones armadas de corte castroguevarista.
Fragmento del libro “Fue Cuba”, de Juan Bautista Yofre
