“Así llegamos hasta aquel día del mes de octubre de 1961 en que al concurrir a tomar servicio se nos comunica la orden de la Superioridad: había sido clausurado el ramal. En principio no se podía creer. ¿Cómo lo iban a clausurar? ¡Era cosa de locos! y pensé, en cualquier momento nos van a llamar.
Cuando pasaron los días y no pasaba nada creció la preocupación, bronca, indignación, impotencia ¡qué sé yo como llamarlo! ¡Y solamente habiéndolo vivido se puede saber lo que se siente!
Así concluyó la obra que con tanto valor y sacrificio había iniciado don Lewis Jones y un grupo de valientes; obra que le dio vida a este rico Valle, fundando poblaciones, cultivando el Valle, trayendo progreso, cumpliendo una importantísima función social.
Ignoro el pensamiento de los funcionarios que adoptaron tan drástica medida. Ejercía la Presidencia de la Nación el Doctor Arturo Frondizi y su Ministro de Economía era el Ing. Alvaro Alzogaray.
La Patagonia perdió importantísimos kilómetros de transporte ferroviario y en forma muy especial el Valle del Chubut que fue el primer tramo clausurado, luego correrían la misma suerte el de Comodoro Rivadavia a Colonia Sarmiento y el de Puerto Deseado a Las Heras. ¡No se pensó en renovar, mejorar o modernizar lo existente por el contrario se tomaban medidas adversas; castigando siempre al sufrido habitante patagónico!
Desde la suspensión y clausura de los servicios las poblaciones sufrieron las consecuencias, ¡si lo sabrán los vecinos de Puerto Madryn! También Trelew sintió su ausencia y en forma muy especial en la época veraniega cuando carecía del único medio cómodo y económico que disponía.
Cereales y legumbres de primerísima calidad que eran cultivados y los molinos harineros con que contaba la zona hoy ya no están. Como tampoco se volvió a fabricar la cerveza que era orgullo para Trelew o los ricos quesos que conoció nuestro país. Hoy todo esto al igual que el viejo ferrocarril de Lewis Jones ha pasado a ser un recuerdo; un caro recuerdo para quienes tanto queremos esta bendita tierra.
DESPUÉS DE LA CLAUSURA
Los días se sucedían y el esperado llamado a reiniciar las tareas no llegaba; las esperanzas se esfumaron; luego nos pidieron las renuncias y se nos comunicó que seríamos indemnizados.
Al no haber alternativa poco a poco los compañeros aceptaron lo propuesto por la Empresa. A mí particularmente no me entusiasma en lo más mínimo y no estaba dispuesto a renunciar. Cuando me decían que estaban esperando mi renuncia que era la única que faltaba, yo les respondía que yo no renunciaba y que eran ellos los que me echaban. Pero tampoco lo hacían. Hasta que un día pensé y opté por mandarla. Seguramente que fue la última.
Poco a poco todos se fueron ocupando en distintas actividades, además tratándose de ferroviarios se sabía de su capacidad y conducta. Algunos se incorporaron en diversas reparticiones de la Provincia, otros en la actividad privada; pero si bien se solucionaba el problema de empleo ya nada era igual.
Afortunadamente, y como no podía ser de otra manera, la gran mayoría demostró su eficacia y progresó en las distintas funciones que desempeñaban. Puedo mencionar por ejemplo en el Banco de la Provincia del Chubut a Carlos Suarez, Cacho Lloyd o Emilio Kirchmayr, que llegaron a ocupar cargos de importancia llegando incluso a Ge- rentes. Los hermanos Thomas en Gas del Estado o Raúl Ritchie que en la actualidad se desempeña como Gerente de Aerolíneas Argentinas en la Ciudad de Comodoro Rivadavia.
En mi caso concluida la actividad en el Ferrocarril en donde había dejado quince preciosos años de vida y dado que contaba con un automóvil, de inmediato encontré mi nueva fuente de trabajo: taxista. En muchas oportunidades me dominaban los recuerdos y me hacían meditar en las vueltas y la injusticia que tiene la vida. Pero lo que más me afecto fue el enorme daño moral causado.
Se me presentaron varias oportunidades para emplearme en importantes empresas y con muchas posibilidades, ¡pero era tan grande la indignación que sentía y tan amarga la experiencia vivida que no quería volver a ser empleado de nadie!… Si habiendo dedicado los mejores 15 años de mi vida, poniendo lo mejor de sí, trabajando con tanto amor y cariño en lo que uno quería como propio, con una foja de servicios impecable de la noche a la mañana lo dejan en la calle ¿con qué voluntad o con qué aspiración se puede volver a cumplir alguna función?
Pese a todo siempre quedaba la remota esperanza que el material rodante que se encontraba en los galpones algún día podríamos verlos en movimiento.”
Texto de “Los ferroviarios que perdimos el tren” testimonio de Victorino Ibáñez
Material proporcionado por la Biblioteca Municipal Domingo Sarmiento de Puerto Madryn

