Un grupo de voluntarias se dedicó diariamente a esperar a quienes combatieron los incendios para poder asistirlos en el cuartel de bomberos de Esquel. Desde cuestiones físicas hasta emocionales, este grupo cumplió un rol clave en el cuidado de los combatientes.
Durante la última temporada de incendios en la cordillera, mientras el foco de atención se centraba en el combate directo contra el fuego, puertas adentro del cuartel de Bomberos Voluntarios de Esquel se desplegaba un trabajo tan esencial como poco visible; el acompañamiento de voluntarias de la salud que brindaron asistencia constante a brigadistas y equipos de emergencia.
En jornadas marcadas por el desgaste físico extremo, el estrés y la incertidumbre, estas mujeres cumplieron un rol clave en el cuidado integral de quienes enfrentaban el fuego en primera línea.
Desde controles básicos de salud hasta contención emocional, su tarea se convirtió en un sostén fundamental para quienes regresaban de largas horas de combate en condiciones adversas.

Instaladas en el cuartel, las voluntarias organizaron un espacio de atención donde se realizaban chequeos de signos vitales, curaciones menores, seguimiento de lesiones y asistencia ante cuadros de agotamiento. Pero su aporte no se limitó a lo físico; también supieron estar presentes desde lo humano, escuchando, acompañando y generando un clima de cuidado en medio de la tensión.
Una de ellas, fue Belén Leufuman, estudiante de tercer año de la Tecnicatura en Enfermería que, a sus 28 años, se mostró agradecida por poder colaborar con la causa: “Es un privilegio poder formar parte de este equipo y colaborar”.
“Esto también es una gran oportunidad para ir
desarrollando aptitudes de cara a mi futura carrera profesional.
Es una buena base”

Bombero siendo asistido por voluntaria luego de un arduo día de trabajo.
El espacio dentro del cuartel, fue otorgado para brindar cuidados a aquellos bomberos que se desenvolvieron en el Parque Nacional Los Alerces, Cholila y Alto Río Percy.
“A los combatientes que llegaban, les hacíamos lavado nasal, ocular y de píes. También les hacíamos masajes en sus extremidades inferiores y vendaje. Siempre acompañado por médicos, enfermeras y kinesiólogos”
“Había días muy duros, donde los brigadistas llegaban completamente agotados. Nuestro objetivo era que pudieran recuperarse lo mejor posible para volver a salir”, agregaron desde el equipo, destacando la importancia de trabajar de manera coordinada con bomberos, personal sanitario y otras instituciones.
El cuartel se transformó así en mucho más que una base operativa. Fue un espacio de contención, descanso y recuperación, donde cada detalle —desde una curación hasta una palabra de aliento— marcaba la diferencia.

Este tipo de iniciativas, que nacen del compromiso y la vocación, reflejan una vez más el espíritu solidario de la comunidad esquelense, que en momentos críticos logra organizarse y responder con empatía y acción concreta.
Aunque muchas veces su labor no ocupa titulares, el trabajo de estas voluntarias dejó una huella profunda en quienes atravesaron la emergencia. Porque en medio del fuego, también hubo manos que cuidaron, sostuvieron y acompañaron.

