viernes, 29 de agosto de 2025

La corrupción es una estafa a los pueblos, pero no es solo una cuestión ética, sino que también es una forma de ineficiencia y de incremento del gasto público, porque los sobornos se reflejan en los sobreprecios, se trate de obras públicas, de provisión de insumos, de medicamentos.

 

La Constitución Nacional en su artículo 89 exige para los ciudadanos que aspiren a presidir nuestro país ser ciudadano nativo o hijo de nativos que hayan optado por la ciudadanía y quien pretenda ser elegido senador nacional debe cumplir las exigencias que establece el artículo 55: tener 30 años de edad como mínimo, residencia en el país durante varios años y además una renta superior a los dos mil pesos fuertes, requisito de la Constitución de 1853 que se respetó en la reforma de 1994 que si suprimió palabras como idoneidad y la obligación de practicar la religión católica en el caso de los presidentes, que era una rémora del pasado.

Podemos observar que para obtener buenos empleos y trabajos privados hay que cumplir más exigencias. Por ejemplo, test a fin de demostrar estar en pleno uso de las facultades mentales. Incluso para obtener el registro de conductor y renovarlo se exige estudios a cargo de psicólogos.

Otra situación que merece discutirse que no se daba cuando se sancionó la constitución en 1853 es la de la nacionalidad. Los candidatos que disputaron el ballotage en las últimas elecciones presidenciales tienen doble nacionalidad. Esta, a juicio del que escribe, irregularidad se dio también en los comicios presidenciales anteriores como en 2019 y 2015. Será más fácil el ingreso a Europa para los que han obtenido la nacionalidad de sus abuelos, no es un delito, pero para el que pretende ocupar las más altas posiciones de gobierno no está bien.

Este asunto de la doble nacionalidad está siendo reformado en algunos países como Italia, con la idea lógica, de quien no domina su lengua y no está dispuesto a servir en ese país si su defensa lo requiere, no puede pretender ese beneficio.

Un complemento a incluir en la Constitución sería cambiar el sistema presidencialista como se hace en los Estados Unidos, que el Senado de la conformidad a las designaciones en el gabinete. Tal vez nos libremos así de ocultistas y tarotistas, como sucedió en 1973 y se reitera ahora.

El gobierno ha heredado un país con grandes carencias en lo relacionado con su defensa , pero salvo en los discursos no se han solucionado cuestiones elementales como la equiparación salarial de las fuerzas armadas con las de seguridad ni un plan de reequipamiento consistente, más allá de adquisiciones puntuales de material usado, en un mundo cada día más conflictivo y en las que las nuevas tecnologías, como lo observamos en la guerra provocada en Ucrania por la agresión rusa, están siendo claves para definir el curso de las operaciones.

No se trata de subirse a un tanque en un desfile o recordar el fallecimiento de San Martín en un almuerzo con el presidente disfrazado de militar. Como le dijera Sarmiento a su hijo cuando se le presentó en San Juan vestido de militar “ese uniforme solo lo pueden usar los que están dispuestos a morir por la patria, sino es un disfraz”. Dominguito le demostró al padre, al morir en el asalto a las trincheras de Curupaytí, que su uniforme no era un disfraz.

Son las costumbres de un presidente de lenguaje procaz, que muestra su escaso compromiso con la jerarquía de las instituciones con candidatos legislativos impresentables y modelos de revistas. Parece que a muchos con la doble vara en que suelen opinar no les importa, siempre que la tasa de inflación baje.

Estas cuestiones que para algunos son menores se ven agravadas ahora ante denuncias de corrupción. Esperemos que no impere “la doble vara” ante los ilícitos que tendrían su terminal en la hermana del presidente, a la que no se votó, pero pareciera que es la que realmente ejerce el poder.

La corrupción es una estafa a los pueblos, pero no es solo una cuestión ética, sino que también es una forma de ineficiencia y de incremento del gasto público, porque los sobornos se reflejan en los sobreprecios, se trate de obras públicas, de provisión de insumos, de medicamentos.

No puede llamar la atención, porque más allá de vociferar sobre castas y todo el griterío y el ataque a personas que combatieron la corrupción menemista y kirchnerista, la realidad es que este gobierno está lleno de sospechosos de corrupción y cuyo solo apellido es sinónimo de ese flagelo como el caso de los primos Menem o la presencia en el gobierno de Scioli.

Como detalle interesante, desde el ministerio de Economía no ocultan que las tonterías que provocaron una corrida hace poco tiempo relacionadas con un dólar a menos de mil pesos como ahora la suba de encajes y tasas del 100% para las empresas, son disparates en los que el equipo económico solo se limita a cumplir órdenes de un presidente cuya formación académica como economista es pobre.

Por Roberto Azaretto, presidente de la Academia Argentina de la Historia, para Los Andes

 

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