
A mediados del siglo pasado, se creó al gobierno del país hermano, Chile, el difícil problema de incorporar a la actividad y el progreso del país y sus provincias australes, mantenidas un poco al margen a causa del baluarte araucano.
El último explorador de esas tierras sureñas, Don Vicente Pérez Rosales encontró la solución, al aconsejar al Gobierno que promoviera la colonización de familias alemanas, raza que él consideraba la más fornida, competente y laboriosa para llevar a buen término esta ingrata tarea.
Regía entonces los destinos del país, un inminente ciudadano, Don Manuel Montt, a quien servía como ministro Don Antonio Varas. Para hacer viable el proyecto, se creó una oficina especial en Hamburgo. Se puso a cargo al mismo consejero, quien, ayudado por una propaganda inteligente, gestión perseverante y mediante promesas de protección, atrajo y contrató a los colonos que se ofrecían para emprender y desarrollar esas labores.
En 1851, salieron de Alemania 2 barcos con las primeras familias que iban a integrar la población de Valdivia y Puerto Varas, clase media alemana, instruidos en sus organizados y eruditos liceos. La colonización germana de las provincias del Sur de Chile ha sido verdaderamente un acierto, tanto en su idea inicial como en su magnífica realización.
El aporte a la Argentina proviene de los núcleos alemanes radicados en Chile, sin dejar de mencionar a quienes vienen por otros caminos, siendo las diferentes zonas de atracción Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
En Chubut, el Doctor Wilhem Vallentin se establece con noventa leguas en la cordillera, a la que se llamó colonia Friedland, Colonia de Paz, tal vez para compensar su decepción de la guerra.
Otro alemán en Chubut fue Máximo Schulz, Paso Schulz, rebautizado Alto Río Senguer y cercano a Nueva Lubecka, que obtuvo el nombre del señor Juan Plate, oriundo de la ciudad de Lubecka en Alemania. Los primeros pobladores efectivos de la comarca que la leyenda ubica en la ciudad de los Césares, hoy Bariloche, sobre le lago Nahuel Huapí, fueron alemanes y éstos constituyeron, en 1896, un grupo encabezado por los hermanos Carlos y Germán Winderholt. Habían cruzado la frontera vecina para instalar un aserradero, comercio y saladero. Trajeron las primeras herramientas que llegaron a esa región, las que ostentaban la marca alemana. Peones e indios usaban entonces, cosa inaudita, facones de la afamada marca Solingen.
En torno a la casa comercial de los Winderholt fue formándose el pueblo y sostiene la tradición oral que el hermano mayor, Carlos, era tan bondadoso que en vez de llamarlo don le decían san, y por eso el pueblo pasó a llamarse San Carlos de Bariloche.
La actividad de los alemanes en el campo de la ganadería y el comercio fue enriquecedora, tal el caso de Cristián Lahusen que partió desde Buenos Aires al Sur, de don Diego Meyer con comercio en todo el Sur Argentino, y en la zona de Camarones, don Ricardo Fischer, Carlos y Germán Muller, Federico Von Eylentein, Emilio Grether, don Ricardo Bennewitz, Carlos Steiger, Jorge Steinoff, Pablo Matte, Enrique Schulze, José Pogler, Juan Enrique Heinken, y el Señor Guillermo Grimm en Puerto Madryn. También los suizos alemanes Carlos y Teófilo Tschudi y Hermanos Miche.
Es de destacar la primera exploración aérea realizada en el confín patagónico y su apéndice extremo, la Tierra del Fuego, hazaña concretada por el intrépido capitán aviador de la marina de guerra alemana, don Güntther Plüschow.
Texto de “Pioneros de la Costa Patagónica” – Isabel Caminoa de Heinken
