
El Gobierno decidió tomar cartas en el asunto. Tal como informa la nota de El Ferrocarril, envió al sur al ministro Manuel Recabarren con la misión de sofocar la rebelión y avanzar hasta la línea del Cautín. Resuelta a favor de Chile la guerra contra Perú y Bolivia, había llegado la hora de ocuparse de una vez por todas de Wallmapu.
Recabarren arribaría en tren a la ciudad de Angol el 28 de enero de 1881. Allí reunió mil hombres para dirigirse hasta Traiguén, desde donde organizó el avance hasta los pies del Ñielol.
No se trataría de una campaña punitiva o de castigo, como las de Pinto y Saavedra en décadas anteriores. Sus órdenes esta vez son claras: fundar poblados y ocupar militarmente todo el territorio a su paso lo más rápido posible. Y así lo hace.
En muy poco tiempo organiza dos mil hombres y un convoy de 336 carretas con pertrechos que manda pedir en tren a Concepción. José Bunster, el magnate del trigo radicado en Traiguén, es contratado para alimentar y proveer de víveres a toda la tropa. Emprenden la marcha el 12 de febrero de 1881.
Un día después de salir de Traiguén, el 13 de febrero, el ministro funda el fuerte de Quino, llamado originalmente Recabarren en honor a su persona, a orillas del río del mismo nombre. Allí deja 225 soldados del Batallón Ñuble con encargo de continuar los trabajos y patrullar las cercanías.
Avanza luego en dirección sur, fundando el 16 de febrero y a pocas leguas de distancia el fuerte de Quillén. Deja allí otra guarnición e inicia su marcha rumbo al río Cautín. Llega el 18 de febrero y funda en su ribera el fuerte Aníbal Pinto. Lo hace en las cercanías de las tierras donde vivió sus últimos días Kilapán. Alrededor de este fuerte nacería más tarde la ciudad de Lautaro.
Recabarren sigue su marcha rumbo sur.
Bordeando el Cautín y a pocas leguas al sur funda el 21 de febrero el fuerte de Pillalelbun. Allí el ministro es emplazado por un grupo de lonkos que le solicita no cruzar el Cautín y tampoco seguir fundando pueblos. La respuesta de Recabarren es tajante. Por orden del Gobierno central se está ocupando todo el territorio.
Desde el Palacio de La Moneda, el presidente Aníbal Pinto personalmente monitorea el avance de las tropas. A diario se comunicaron Recabarren.
Finalmente, el 24 de febrero de 1881, Recabarren llega con sus soldados a los pies de la llamada cordillera del Nielol, donde funda el fuerte de Temuco, objetivo principal de su expedición. Lo hace en las tierras del cacique Ramón Lienan, amo y señor de aquellas vegas.
En vano reclamó Lienan por el arribo de soldados chilenos a su tierra. El mismo día comenzaron las obras. Muros, fosos y empalizadas. Al día siguiente, los caciques Coñuepán, Paillal y Painemal de Cholchol, todos en la nómina del Gobierno, se acercaron a parlamentar con el ministro. Los acompañaban al menos seiscientos guerreros a caballo.
Los tres, en teoría, eran “indios amigos” del Gobierno. Aquello era bastante relativo. Dependía más bien de la coyuntura. Y de los intereses en juego.
Los caciques pidieron al ministro detener las obras de construcción del fuerte. Y no seguir fundando pueblos ni avanzar con las tropas hacia el sur. Lo cuenta el propio Recabarren en su memoria al Congreso Nacional de 1881:
Venían acompañados de seiscientos mocetones a caballo, como para hacer una demostración de fuerza. Me repitieron sus súplicas de no pasar más adelante y me hicieron presente el recelo que les infundía el establecimiento de fuertes y las poblaciones, lo que para ellos significaba la pérdida de sus terrenos y la sumisión las leyes cuyo significado no comprendían. Insistí en la contestación que les había dado, que no era mi ánimo engañarlos y que debían ellos aceptar las decisiones del gobierno, quien les otorgaría toda clase de garantías para sus derechos… siempre que no dieran motivos para obrar de otro modo (Bengoa, 1985:283).
La charla duró tres horas, sin que los jefes mapuche pudieran lograr su objetivo. Recabarren hizo oídos sordos y las obras simplemente continuaron.
Junto al fuerte, ubicado en el sitio actual del regimiento Tucapel, se trazaron dos calles que en los meses siguientes se llenaron de pobladores, ranchos y negocios. Estos prosperaron en poco tiempo con la “plata del soldado” y el “empuje del colono”. Estaba naciendo la ciudad de Temuco, actual capital de la región de la Araucanía.
El avance de la frontera chilena hasta el río Cautín, expuesto a las autoridades en 1859 por Cornelio Saavedra en su Plan de Ocupación, era tres décadas más tarde una realidad. En su ya citada memoria al Congreso Nacional, Recabarren expone así a los parlamentarios la clave de su éxito:
“La expedición llevada a cabo de una manera tan repentina e inesperada fue una sorpresa para los indios, que no tuvieron tiempo para prepararse a resistirla o estorbarla. Aunque tenían el aviso de que habían llegado nuevos batallones a Angol, no se imaginaron que el objeto fuera el de ir, en estas circunstancias, a establecerse en el Cautín. Estaban acostumbrados a que estas operaciones de avance de frontera o fundación de fuertes fueron siempre precedidas de conferencias o de negociaciones en que se les trataba de potencia a potencia”.
Fragmento del libro “Historia secreta Mapuche”, de Pedro Cayuqueo
