viernes, 2 de enero de 2026
Tratado de paz entre los Ranqueles y las Provincias Unidas. La Pampa, 20 de diciembre de 1825. Fuente: Archivo General de la Nación

Las Heras ocupa el gobierno en mayo de 1824. Los malones se reinician apenas se retira la expedición de Rodríguez. En julio de 1825 Las Heras manda contra los pampas a Juan Lavalle, entonces coronel, al frente del regimiento de Coraceros, que bate a los indios en las lomas de Marín. No obstante, los malones siguen. A mediados de 1825 Las Heras, “convencido que ninguna persona es más apta que el señor coronel don Juan Manuel de Rosas para establecer paces sólidas y duraderas con los indios fronterizos”, le da instrucciones y plenos poderes para concertar una paz definitiva, que Rosas creía posible. Acompañado de Lavalle y el ingeniero Felipe Senillosa, Rosas se puso al habla con los caciques pampas en un parlamento en Tanlil (noviembre) y por su intermedio se llamó a un “gran parlamento” de pampas, borogas y ranqueles en la laguna del Guanaco, treinta leguas al norte de las Salinas Grandes (actual provincia de La Pampa), al que concurrieron treinta y nueve caciques y cincuenta capitanejos de los tres pueblos indígenas. Rosas -que hablaba correctamente el araucano en sus dialectos pampa y ranquel- les propuso la paz delimitándose una línea “inviolable” de fronteras desde el cabo Corrientes por las sierras del Volcán, Tandil, hasta Cruz de Guerra (actual 25 de Mayo), para terminar en la laguna del Potroso (inmediaciones de Junín), guarnecida con fuertes y regimientos de caballería. La “pampa del diablo” (Bahía Blanca) sería dejada a la cristianos para fundar un puerto y una fortaleza. Tampoco los ranqueles incursionarían más allá de los fortines protectores de Córdoba, San Luis y Mendoza. En cambio, el gobierno de Buenos Aires y el “Soberano Congreso” les darían el alimento y los “vicios” que necesitasen.

Los indios aceptaron. Reconocieron “como único gobierno de todas las provincias, al Soberano Congreso Nacional”, que “la paz se hacía con todas las provincias” y no solamente con Buenos Aires. El gobierno se comprometió a ayudarlos con alimentos y yerba, azúcar y alcohol, y no perturbarlos en sus tolderías.

El tratado del Guanaco de diciembre de 1825 puso fin a la guerra que había dado cinco años de intranquilidad a la campaña.

 

Fragmento del libro “Historia Argentina” de José María Rosa

 

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