-Pero usted no será el único en viajar al exterior -dijo el presidente-. Yo también lo voy a hacer, y muy pronto.
-Escuché que irá a Brasil.
-Es cierto, pero no me refería a ese viaje, aclaró Roca con gran misterio. Recibí una invitación de Errázuriz.
-¡Ah! Eso sí que es interesante -dijo Moreno sentándose más adelante-, demostrando interés. ¿Qué será lo que quiere?
-Quiere que demos una señal de que los dos buscamos la paz. Quiere apaciguar los ánimos de los belicistas de los dos lados de los Andes.
-Debo reconocer que su estrategia armamentista ha surtido efecto -dijo Moreno, y tomó un trago de licor. La amenaza de los acorazados ha convencido a Errázuriz de que la paz es necesaria.
-Así es -dijo Roca muy satisfecho-. Apliqué la estrategia del “palo grande”.
-¿La estrategia de qué? -preguntó Moreno sin entender.
-Es una frase de Teddy Roosevelt, el presidente de Estados Unidos. Dice que en África escuchó a un cacique zulú decir que cuando uno tiene un palo grande se puede hablar bajito y todos obedecerán. Roosevelt dice que su palo grande es la Marina, y en base a eso desarrolló toda su política exterior.
Moreno miraba a su alrededor. Hacía más de veinte años que frecuentaba ese despacho. Gran parte de la estrategia que ahora se ponía en juego había sido trazada allí mismo. Empezaba a sentir algo de nostalgia ahora que, para bien o para mal, las cosas se empezaban a definir.
-¿Y dónde se hará esta reunión? -le preguntó a Roca.
-En Punta Arenas -contestó el presidente, que agregó-. La fila ocho.
-¿Fila ocho? ¿Qué es eso? -preguntó Moreno sin entender.
-¿Recuerda que hablamos que esto se parecía a un partido de ajedrez? ¿Que lo mandaba a Santiago de Chile como si fuera un alfil atacando por la diagonal?
-Si, lo recuerdo -contestó Moreno-. Sigo siendo un alfil que ahora se mueve en la otra diagonal, a Londres. Pero no entiendo qué es la fila ocho.
-¿No sabe qué es la fila ocho en ajedrez? ¿Pero qué clase de jugador de ajedrez es usted? -lo mortificaba Roca.
-Bueno, sí. La fila uno es la más cercana a uno mismo. La ocho es la más lejana, la que para el oponente es su fila uno. En definitiva la fila ocho es la retaguardia del contrario.
-¡Exactamente! Y como en todo final de un partido de ajedrez, llegó el momento de utilizar las piezas más poderosas: las torres. Moveré una torre hasta la fila ocho del contrario, en medio de su propio territorio.
-A ver si entiendo… La fila ocho es Punta Arenas, ¿pero cuál es su torre?
Roca lo miró con una fingida expresión de decepción.
-Hombre, ¡más claro imposible! La torre es el palo grande… En Punta Arenas podré hablar bajito -bromeó Roca.
Fragmento del libro “El límite de las mentiras, la polémica vida del perito Francisco Moreno”, de Gerardo Bartolomé