El estilo confrontativo del presidente Javier Milei, sus insultos y sus frecuentes descalificaciones públicas generan cuestionamientos que van más allá de la discusión política y han dado lugar a especulaciones sobre su salud mental. El psiquiatra Ulises Loskin (M.N. 3351) rechazó la posibilidad de atribuir esas conductas a una enfermedad psiquiátrica sin una evaluación clínica, aunque fue crítico con el comportamiento del mandatario: “Tiene un estilo comunicacional muy confrontativo, muchas veces irrespetuoso, y entiendo que no es el correcto para la investidura o la función que tiene que tener”.
Loskin consideró que parte del problema podría encontrarse en el entorno presidencial. “Yo creo que se debe a que, en primera instancia, está muy mal asesorado y tiene un montón de gente alrededor que le hace mucho daño”, afirmó. En ese sentido, explicó que quienes llegan a posiciones de poder muchas veces quedan atrapados en una “cámara de eco”, rodeados de personas que los adulan permanentemente y refuerzan sus comportamientos sin cuestionarlos.
Respecto de las versiones que circulan en redes sociales sobre supuestos trastornos psiquiátricos del presidente, el profesional fue categórico: “Yo, si está loco o no está loco, no lo puedo decir, no soy quién para decirlo, no lo conozco, no lo he tratado”. Y explicó: “Con lo que veo de él por la tele o con las cosas que dice, lo único que puedo hacer es un análisis comunicacional, tanto verbal como no verbal. No puedo hacer otra cosa, porque no entiendo cómo piensa o qué es lo que siente”.
El especialista también cuestionó las publicaciones que atribuyen a Milei determinados diagnósticos y tratamientos farmacológicos sin aportar documentación que los respalde. Explicó que medicamentos como el ácido valproico, la quetiapina o el zolpidem pueden tener distintas indicaciones y que su eventual utilización no permite establecer automáticamente una enfermedad. “Supongamos que esté tomando medicación, eso no sería un problema para nadie, ni lo inhabilita absolutamente para nada”, sostuvo, y aclaró que incluso una persona con un trastorno psiquiátrico adecuadamente tratado puede desempeñar responsabilidades importantes.
Sin embargo, Loskin fue especialmente crítico con las consecuencias de las expresiones presidenciales. “Hay cosas que creo que están de más, que no corresponden, que debería corregirlas, porque hacen mucho daño. Desde el lugar en el que él las dice y cómo las dice y cómo actúa, hacen mucho daño”, advirtió. Y agregó: “Creo que algunas cosas están muy bien y entiendo que hay otras cosas que están muy mal y que, de hecho, no son éticas. Pero no puedo atribuir esas conductas a una patología”.
El psiquiatra también introdujo una reflexión sobre las creencias religiosas del mandatario. Loskin, quien practica el judaísmo, recordó que Milei manifestó su intención de convertirse al judaísmo ortodoxo cuando deje la Presidencia y consideró que sus comportamientos públicos contradicen principios fundamentales de esa religión. “Yo soy judío, yo practico el judaísmo, y yo le puedo asegurar que estas conductas que él tiene en este momento van absolutamente en contra de la fe judía”, señaló.
“En el Talmud está escrito justamente que la humillación es una falta muy grave, y se compara incluso con el derramamiento de sangre”, explicó. También mencionó las enseñanzas de Maimónides sobre el respeto hacia los demás y apuntó directamente al rabino Shimon Axel Wahnish, embajador argentino en Israel y cercano al presidente: “Si yo fuera el rabino que él designó como embajador en el Estado de Israel, le pegaría un tubazo y le diría: ‘Escuchame una cosita, querido, esto que estás haciendo no es correcto y está muy lejos de lo que vos decís que profesás’”.
Finalmente, Loskin insistió en que las conductas del presidente pueden ser cuestionadas desde la ética, la comunicación y la responsabilidad institucional, pero no deben confundirse con síntomas de una enfermedad mental. “No se puede andar diciendo: ‘Ah, mirá cómo habla, cómo insulta, porque está loco’”, remarcó. Para el especialista, el problema no pasa por adjudicarle un diagnóstico psiquiátrico a Milei, sino por analizar las consecuencias que tienen sus expresiones y comportamientos desde el lugar de máxima responsabilidad política del país.
Nota elaborada en base a declaraciones al programa Redacción 20 de LU20

