
La Escuela comienza a gestarse como idea a partir de la necesidad de formar gente con perfil técnico que pudiera ser mano de obra especializada para esta ciudad, con incipiente perfil de corte industrial que comenzaba a desarrollarse. De esta manera la Municipalidad de Pto. Madryn, con el apoyo de diversos sectores de la comunidad comienza a hacer gestiones que se logran concretar y la Escuela inicia sus actividades el día 5 de mayo de 1972, bajo la tutela Municipal (Ordenanza 01/72) y provincializada el 20 de noviembre del mismo año (Ordenanza Provincial N* 2939/-72). La escuela capacitaría técnicamente en las siguientes especialidades: carpintería, electricidad, máquinas, herramientas y calderería, motores a explosión y diesel y en construcción.
Para poner en marcha esto fue necesario capacitar primero pedagógicamente a todos aquéllos que contaban con la experiencia de la especialidad pero no tenían recursos legalizados para tal fin, por lo que se organiza la capacitación para los MEP (maestros de enseñanza práctica) concurriendo a los mismos los señores: Manuel Rodríguez Ríos, Eliseo García García (carpintería) Antonio Fernández, (chapa) Aldo Manara, Alcides Soria, Eduardo Estevan, José Curti, Herman Nazar, Mario Ramenzoni, Juan Meisen Ebene (mecánicos), Bernardo Kruse, (motores) Erich Seibt, (ebanista), Santos Solís, Sabino Daniele (herrería), Gonzalo Estevan (motores Diesel), Pedro J. Lungo (tornero), Bertón Davies (electricidad), Emiliano Santa María, Victorio Martinelli (construcción), Demófila de Femeninas (motores de explosión), Pedro Estevan (Motores nafteros), Hugo Loti, (tornero).
Funcionaba un Consejo de Enseñanza integrado por el rector de la Escuela, Ernesto Hecker y representantes de las Fuerzas Vivas, la Unión Industrial Patagónica, la municipalidad, la Cámara de Industria y Comercio, la Cámara Industrial Ganadera, la empresa Aluar, el Rotary Club, la C.G.T y representantes de diferentes estamentos educativos de la provincia y también de los alumnos de esa escuela. Este Consejo Supervisaba la Escuela… fue todo hecho muy artesanalmente pero lo indudable es que abrió una puerta que permitió llegar hasta otros lugares… muchos profesionales de ahí… en cantidad y calidad… porqué triunfaban los técnicos…como eran requeridos nos hacían competir con profesionales…

Seibt nos hacía hacer tableros de dibujos, muebles, escritorio con 4 cajones corredizos, reglas paralelas, había que hacerlo sino no salías… egresaban pocos en las promociones… pero con un alto nivel de conocimiento. “Arquitectitos” nos decían, el proyecto final era una tesina… el maestro mayor de obra se formaba con programa del Conet. Veíamos análisis matemático. 1 y 2… eso se veía en la universidad… yo iba a dos escuelas simultáneas el comercial y la poli… integraba todo, me acuerdo que una vez pintamos murales con Omar Tarrío, un genio de la pintura… pintamos al lado del correo viejo, en avenida Roca, las explosiones nucleares, Mururoa 72, corría lava de sangre…
La misma comenzó funcionando en los galpones del Ferrocarril, una amplia construcción de madera, ubicada en la zona de “La Loma”, calle Roberto Gómez, a pasos del mar… era una amplia estructura y había sido separada por tabiques para armar las aulas, estos tabiques no llegaban ni hasta el techo ni hasta el piso, por lo tanto las voces se filtraban por todos lados…, entrando a la derecha estaba la dirección y allí Ernesto Hecker, el director, a la izquierda el quiosco con panchos y tortas fritas… al fondo estaba la carpintería, las clases eran a la tarde hasta las 23 hs. aproximadamente y el sábado teníamos Educación Física con Almirón… me acuerdo que vivía perdido en el campo, en el Barrio Oeste… en un primer momento los maestros de enseñanza práctica prestaban sus propios talleres para hacer las clases, había como un ciclo básico de tres años y a partir de ahí la orientación: mecánico, carpintería, lo que se eligiese. Una imagen que conservó claramente es la regla de cálculo construido por Erich Seibt, de 2,30 m. de largo, se colgaba del pizarrón y había que calcular. La fabricó porque como no había muchas, la hizo para que estuviera en la escuela y nadie pudiera tener excusa para no trabajar… después vino la “facit”, que era un ábaco mecánico, le dabas cuerda, corrías los ábacos y calculabas, esa era la evolución de las máquinas de la escuela… Se quemó junto con los planos de la locomotora que habían sido hechos a mano, en tela, toda la documentación de esa locomotora hecha a pluma en tela celeste….
Hacíamos de todo, doblado de hierros…. Íbamos a las obras, nos daban muchos conocimientos prácticos, muy buenos docentes universitarios, a los que más recuerdo es a José Picardo, Pedro Villar, Federico Muller, Pablo Hrubic, Ing. Jacobi, Agustín Basílico… te enseñaban… te tenían zumbando y hoy si triunfás en la vida en gran parte se lo debés a ellos..
Por Raúl “Ruli” Arranz
Fuente: El Diario de Madryn, suplemento “Quiere que le cuente”, marzo 2004
