
Toda mi carrera como docente (30 años) la ejercí en la Escuela “Tomás Espora”, ubicada en la calle Domecq García. La escuelita de la loma” como la llamábamos o como dice la marcha de la escuela, compuesta por el maestro Daniel Bustamante (letra) y el profesor Vicente Autiero (música) “…escuelita Tomás Espora como un faro frente al mar…” Es la segunda escuela fundada en Pto. Madryn. Abre sus puertas el 10 de junio de 1935. Funcionaba en un local alquilado en la calle Agustín Pujol s/n. Su estructura edilicia estaba compuesta por un solo salón dividido por un tabique de madera.
En el año 1943 se escritura un lotedonado al Consejo Nacional de Educación, el número 41 del Barrio La Loma. En 1945 el filántropo Roger Ballet elige a esta escuela para donarle el edificio, la número 19 de las donaciones realizadas en todo el país. Se inauguró el 20 de junio de 1947.
Mi trayectoria en ella comienza en el año 1965. Era muy pequeña, tanto que a veces dábamos clases en pasillos o cualquier lugar donde se podía armar un aula, no existía el salón de usos múltiples (S.U.M.) Todos los actos los realizábamos al aire libre y la ornamentación de días y días de trabajo iban a parar a la playa por causa de un viento patagónico.
Con mucho esfuerzo y una excelente comisión Cooperadora, se construyó el actual SUM (…) sin aportes del gobierno lograron algo tan valioso y deseado por esa comunidad educativa. A cargo de la dirección estaba la señora María J. Verón, y la acompañaban los siguientes padres: R. Lezcano, R. Rodríguez, Torres (el Negro), J. Versace, Marta y Alfredo Robledo, Luisa Tizona y su esposo, Mario Fernández y señora, y Nora J. de Lezcano.

La Escuela estaba apadrinada por el Buque de la Armada “Cabo San Bartolomé”. Cada vez que lo divisábamos llegando al puerto era una alegría, traían regalos para la escuela alumnos. Pasábamos el día a bordo. A la hora de la cena el personal de la escuela junto con su familia eran invitados. Como le sucede a todo maestro, es muy difícil olvidar a un alumno. Personalmente durante 30 años, he tenido como alumnos a padres, hijos y nietos. También puedo decir abuelos, porque ejercí la profesión en la Escuela para Adultos 607 que funciona en el edificio de la Escuela 46, donde me jubilé como directora.. “lo que se siente cuando un adulto despierta una nueva vida al aprender a leer y escribir es una de las mayores satisfacciones que solo un docente de adultos puede describir…”
Miles de anécdotas podría contar de La Escuela 124, de mis compañeros y alumnos a quienes amé. (…) me regocijo al enterarme de sus logros y me entristezco por las situaciones difíciles que la vida les deparó, a ellos, mis alumnos, porque en el momento que les tocaba serlos eran “míos”.
Por Lidia de Wolansky
Fuente: El Diario de Madryn, suplemento “Quiere que le cuente”, marzo 2004
